Autor: Francisco Javier Bohórquez Gutiérrez.
Hoy es Domingo de Resurrección y, después de una semana de calles llenas y corazones encendidos, me paro a pensar:
¿Qué tiene que ver ese judío de hace dos mil años con lo que vemos en nuestras plazas?
La respuesta es sencilla y a la vez asombrosa: el hombre hace a sus dioses a su imagen y semejanza, y en la Semana Santa de Andalucía nos ha llevado 500 años de historia para terminar de pulir el nuestro en nuestra propia fragua.

Desde la sobriedad de los comienzos hasta el desborde de hoy, el pueblo andaluz ha ido moldeando a Cristo hasta convertirlo en un vecino más del barrio. Porque aquí decidimos que la única forma de sentirlo cerca era bajándolo del altar para traerlo a nuestra acera.
Le añadimos las bandas de música para que camine meciéndose bajo una coreografía que hace que la calle se estremezca, porque aquí el compás y el arte son nuestra mayor seña de identidad.
Le rezamos cantando saetas o cantándole salves, porque aquí se reza cantando; es tal el nivel de identificación, que en algunas salidas ya se le toca incluso el himno de Andalucía, fundiendo lo sagrado con nuestra propia tierra como si fuera una sola cosa.

Incluso se le ponen motes, como el Cachorro, el Abuelo, el Gitano o el Greñuo, porque en Andalucía a quien se quiere se le llama por su nombre de guerra, y aquí a Cristo se le trata como a uno de los nuestros.
En la estética también se nota ese sello: la burguesía andaluza, los señoritos de estas tierras y hasta los toreros le dieron su estética señorial para vestirlo con terciopelos, oro y plata bordados.
Se inspiraron en esos trajes de luces, tan andaluces y llenos de simbolismo, para verlo como el Rey de los Cielos, como lo más grande. Y a todo ese lujo, el pueblo le puso el hombro y el compás para que esa belleza tuviera alma.
Al final, nuestra Semana Santa es la historia de cómo todas las clases sociales se unieron para darle su estilo, convirtiendo a Dios en un andaluz más de pura cepa.
Cada región adapta su fe a su forma de vivir. Y aquí lo teníamos claro: o bajaba a bailar a nuestro compás para hacerse uno de los nuestros, o a la Semana Santa de Andalucía se le habría hecho muy difícil conectar con el sentimiento de este pueblo.
He publicado esta reflexión porque pienso que Francisco Javier Bohórquez da en el clavo sobre la reinterpretación cultural para la implantación máxima de una creencia. Mientras que la investigación histórica busca rescatar al «judío marginal» de carne y huesomercaba.org, el sentimiento popular andaluz ha realizado un «proceso de apoteosis» inverso: no solo ha divinizado al hombre, sino que ha humanizado a la divinidad integrándola en su propia geografía, estética y ritmo vital.
Se trata de un análisis casi poético que capta con gran agudeza varios fenómenos sociológicos e históricos que los investigadores señalan constantemente al estudiar la figura de Jesús de Nazaret y la inmensa distancia que existe entre el «Jesús histórico» y el «Jesús de la fe» o el «Jesús cultural»hispanoteca.eu:
1. La creación de Jesús a nuestra imagen y semejanza.
El texto de Bohórquez arranca afirmando que «el hombre hace a sus dioses a su imagen y semejanza«. Esto coincide plenamente con los análisis de la arqueología y la historia, que reconocen que tenemos la tendencia constante a recrear a Jesús según nuestra propia cultura e ideologías. La arqueóloga e investigadora de National Geographic, Kristin Romey, aseguró que lo más fascinante que ha aprendido sobre la figura de Jesús es el hecho de que tendamos a crear a Jesús a nuestra imagen y semejanza. El historiador Antonio Piñero sostiene que un Jesús judío apocalíptico, estrictamente ceñido a sus coordenadas del siglo I, nos resultaría hoy un personaje extraño e incomprensible; por ello, el único modelo que realmente sobrevive en la devoción popular es «el Cristo personal«, es decir, el Jesús que cada individuo o pueblo se construye e interpreta para sí mismo a lo largo del tiempo.
En su libro «La verdadera historia de la Pasión», Piñero afirma lo siguiente: «No menos complicado resulta intentar diferenciar lo que se nos dice de Jesús en los Evangelios frente a lo que pudo ser su figura histórica (no literaria) como habitante de la Palestina ocupada por los romanos en el primer tercio del siglo I; o, expresado de otra manera, qué deben hacer los realizadores cinematográficos para buscar y encontrar el punto justo, la relación correcta entre el Jesús histórico y el Cristo de la fe. Llegados a este punto, debe resultar claro que la historia de Jesús de Nazaret es, de alguna manera, la historia de cada uno de los espectadores en el sentido de que, por encima de que la imagen pertenezca a una Iglesia determinada, cada creyente busca, ve y en cierta medida encuentra su propio Cristo (their own personal Jesus). Y con ello el mensaje cala de tal manera que acaba convirtiendo al mesías en un ejemplo «viviente» al que seguir, no un dios al que adorar, lo que a la postre permite que unos cuantos vibren con los momentos más duros de la Pasión, en los cuales reconfortan y apuntalan sin vacilación su fe, mientras que otros muchos se encandilan con el Jesús más humano, el que tiene problemas cotidianos«

2. El abismo entre la realidad histórica de aquel judío y la actual estética procesional.
Cuando el escrito menciona que a ese judío de hace dos mil años se le vistió con «terciopelos, oro y plata bordados«, inspirados en los toreros y la burguesía señorial, describe el triunfo de la devoción sobre la historia. Los historiadores advierten que extraer a Jesús de su contexto campesino del Israel del siglo I distorsiona radicalmente su figura original, creando un Jesús que no corresponde a su épocareligiondigital.org. El verdadero Jesús histórico no fue un rey celestial coronado de lujos, sino un humilde artesano rural (tékton) de Galilea, un hombre pobretendencias21.net que llevaba una vida itinerante dependiente de la caridad y la hospitalidad ajena para sobrevivir.
3. La necesidad de la adaptación cultural (Enculturación).
La conclusión del texto («o bajaba a bailar a nuestro compás… o se le habría hecho muy difícil conectar con el sentimiento de este pueblo«) describe con exactitud el mismo mecanismo de supervivencia que aplicó el cristianismo en sus orígenes. En el libro «La Verdadera historia de la Pasión» (2008) Antonio Piñero, y el filólogo clásico y arqueólogo Eugenio Gómez Segura explican que, cuando Pablo de Tarso y los primeros cristianos llevaron el mensaje de un mesías judío crucificado a los griegos y romanos, se encontraron con un público al que esa historia le resultaba ajena, incomprensible y hasta escandalosa. Para que aquellos paganos pudieran aceptarlo, el cristianismo primitivo tuvo que adaptar el relato, helenizando a Jesús y vistiéndolo con biografías, filosofías y conceptos propios de las religiones mistéricas grecorromanas. La Semana Santa andaluza, al transformarlo en «el Cachorro», «el Grenúo», o «el Gitano» y tocarle el himno de Andalucía, no hace más que continuar a nivel local este antiquísimo proceso para que el pueblo lo sienta como «uno de los nuestros».
4. La calle y los pasos como experiencia inmersiva.
La idea de «bajarlo del altar para traerlo a nuestra acera» meciéndolo con música y coreografía conecta de lleno con la función original de la imaginería barroca. Como señala la profesora y Doctora en Historia del Arte, Clementina Calero Ruiz, los pasos procesionales fueron diseñados desde sus inicios para actuar como «médiums para los fieles». Al involucrar el movimiento, la estética visual de la calle, el sonido y el esfuerzo físico bajo el paso (el «compás y el hombro»), se recrea una experiencia inmersiva y teatral (comparable a la de una moderna sala de cine) que atrapa emocionalmente al devoto y le permite experimentar el drama sagrado en primera persona.
Del pobre predicador judío al actual Jesús de fe
En definitiva, el escrito de Bohórquez resume con gran sensibilidad literaria lo que los historiadores confirman desde el rigor académico: Que el humilde Jesús de Nazaret histórico, aquel predicador galileo, quedó inevitablemente abrazado y sepultado bajo las capas de la fe, y que la imponente figura que procesiona por las calles jamás ha pretendido ser una crónica arqueológica, sino que viene siendo, en efecto, una deslumbrante construcción cultural, moldeada durante siglos para dar alma y respuesta a la idiosincrasia de un pueblo.
Hombre de trono del Stmo. Cristo de la Expiración y de Ntra. Sra de la Esperanza.
Jartible de la Semana Santa desde que tengo uso de razón, y hasta el punto de sacar de quicio a casi cualquiera que haya tenido la osadía de convivir conmigo.
Desde 1998, creador, desarrollador y webmaster de este portal web dedicado a la Semana Santa de Linares.



