Hermandad de la Santa Cena Sacramental y Ntra. Sra. de la Paz

(Santa Cena de Linares, Andalucía)

Santa Cena Linares - Ntra. Sra. de la Paz

DATOS DE HERMANDAD

Fundación: 1928.

Día de estación de penitencia: Domingo de Ramos.

Sede Canónica: Basílica de Santa María La Mayor.

Hermanos: 320. Dato actualizado el 11-abr-2017.

Autores de las imágenes actuales:
Dato actualizado el 11-abr-2017.

  • Del misterio de la Santa Cena Sacramental, Víctor de los Ríos esculpió todas sus imágenes entre 1955 y 1957.
  • Ntra. Sra. de la Paz es obra de Luis Álvarez Duarte en 1990.
  • El Ángel Custodio que procesiona en cabecera como símbolo de la paz fue tallado en 1956 por Víctor de los Ríos.

Casa de Hermandad: C/ Santa Engracia 28.
Dato actualizado el 11-abr-2017.

Hermano Mayor: José Antonio Yebra. Dato actualizado el 12-mar-2024.


ITINERARIO SANTA CENA DE LINARES 2026

FUENTE: Boletín de la Hermandad.

La Santa Cena de Linares procesiona el Domingo de Ramos por la tarde desde la Basílica de Santa María, iluminando las calles con sus túnicas doradas. Es la aclamada «Santa Cena del Sur», un colosal retablo vivo donde la gubia del maestro imaginero detuvo el tiempo para siempre. Sobre las entrañas de un antiguo carro de combate de la Segunda Guerra Mundial, convertido hoy en un milagroso navío de paz, el inmenso trono navega suavemente por las estrecheces de la ciudad minera. A su paso, la Cofradía derrama generosidad repartiendo bollitos de pan a los niños que aguardan expectantes.

DATOS DE LA PROCESIÓN 2026

Hermanos estación de penitencia: 600. PTV Linares.

Acompañamiento musical:

  • Cruz de guía: Banda de cabecera Santa Cena Sacramental, de Linares.
  • Misterio: Banda de CCyTT Ntro. Padre Jesús del Rescate de Torredonjimeno.
  • Palio: Banda de Música Ntra. Sra. de la Paz, de Linares.

Costaleros: 30 + relevos en el paso de palio.

Hermanos de trono: 10 empujando el paso de misterio.

Duración aprox. del recorrido: Casi 6 horas y media.

Estrenos y novedades año 2026:

  • Hábitos penitenciales.
  • Techo de palio de Ntra. Sra. de la Paz.

Sitios de interés: Regreso a la parroquia por la cuesta de las calles Iglesia y Don Luis.

Prolegómenos (Clic en estos triángulos para ampliar información y ver imágenes)

La Banda de Cabecera de la Santa Cena de Linares comienza su pasacalles a las 15:00 horas desde la C/ Puente.

2017. Santa Cena.
Foto: semanasanta.lynares.com 2017
17:00 – Salida de la Basílica de Santa María.

Tras el estandarte de la Hermandad, una hilera de dorados penitentes aparece por la puerta anexa a la principal de Santa María la Mayor.

Varios hombres y muchachos empujan el descomunal trono que tiene la particularidad de avanzar en posición horizontal. Además, su estructura pertenece a un carro de combate de la Segunda Guerra Mundial lo que le permite girarse sobre sí mismo para avanzar posición vertical por las calles más estrechas. Tanto el Ángel Custodio como las imágenes de la Última Cena fueron realizados por Víctor de los Ríos en 1957. Excepto la imagen de Jesús, que es individual, el resto van unidas de dos en dos o de tres en tres.

El lento avance de la Santa Cena Sacramental por las calles de Linares es un espectáculo visual. El imponente paso del cenáculo se presenta como un majestuoso retablo, donde los apóstoles rodean a Jesús en una escena de gran solemnidad. La composición, cuidadosamente concebida, muestra a los personajes inclinados o erguidos alrededor de un ‘triclinium’, otorgando dinamismo y profundidad a la representación.

Y tomando el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros. Haced esto en memoria mía».Lucas
17:05 – Don Luis.
2019-04-13 Santa Cena
Ntra. Sra. de la Paz - DSC03208 - juan lópez leiva

▹ 17:10 – Iglesia.

▹ 17:25 – Carnecería.

▹ 17:45 – Plaza del Ayuntamiento.

▹ 17:55 – Santiago.

▹ 18:25 – Castelar.

▹ 18:45 – Quevedo.

▹ 19:00 – Arcipreste Torres Quirós.

19:15 – Tetuán.

▹ 19:35- Riscos.

▹ 19:55 – Isaac Peral.

▹ 20:15 – CARRERA OFICIAL.

▹ 20:40 – Viriato.

▹ 20:55 – San Joaquín.

▹ 21:10 – Sagunto.

▹ 21:20 – Teniente Ochoa.

▹ 21:35 – Cánovas del Castillo.

▹ 21:50 – Radio Linares.

22:00 – Carnecería
22:10 – Iglesia.
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▹ 22:25 – Don Luis.

22:30 – Regreso

Cuando regresa la Santa Cena al interior de la Basílica de Santa María La Mayor, y se acaba un Domingo de Ramos linarense sobre el que ha caído la noche cerrada como un manto de silencio, sentimos que se nos empieza a escapar una Semana Santa que llevábamos un año esperando. Es como si el tiempo mismo se desvaneciera entre las sombras de las calles del casco antiguo minero, dejándonos con la melancolía de los recuerdos de un Domingo de Ramos que se despiden prometiéndonos regresar en la próxima primavera penitente.


Cronología de la Hermandad de la Santa Cena de Linares

Fundación: 1928.

Aquel Linares que exhalaba sus últimos alientos de la década de los veinte era una ciudad de contrastes vibrantes, un lugar donde el fragor minero se entrelazaba con las devociones más hondas. Los cronistas locales han bautizado este periodo (enmarcado en el optimismo de los «felices años veinte») como la auténtica «Edad de Oro» de la Semana Santa de Linares. Tras un prolongado letargo a principios de siglo, la ciudad comenzó a experimentar una profunda eclosión económica y cultural que propició el nacimiento y la revitalización de algunas hermandades.

Para comprender en toda su magnitud el nacimiento de la Hermandad de la Santa Cena, es preciso sumergirse en el pulso de una ciudad que todavía paladeaba la arrogancia de haberse erigido, durante el medio siglo anterior (1870-1920), como el indiscutible primer productor de plomo del planeta. Al amparo de los ingentes desembolsos de capital británico y francés, la urbe había forjado una fisonomía deslumbrante, vertebrada por el incesante trajín de una moderna red de tranvías, y hasta media docena de estaciones ferroviarias, cuyo cénit arquitectónico había cristalizado en 1925 con la fastuosa inauguración de la Estación de Madrid.

El músculo cosmopolita y financiero resultaba verdaderamente apabullante. Linares operaba con mayor contundencia que muchas capitales, pues gozaba del estatus de poseer una sucursal del mismísimo Banco de España y exhibía con orgullo la primera delegación que Banesto decidió abrir lejos de Madrid. Sus gentes de alcurnia habitaban un refinado universo dictado por el «Modernismo Linarense» (movimiento arquitectónico que acabaría coronando la fisonomía local al trazarse el imponente Paseo de Linarejos en 1927), consumían las horas en bulliciosos casinos o vibrantes cafés cantantes, se informaban a diario mediante una nutrida prensa linarense, e incluso transaccionaban con billetes y monedas acuñados en exclusividad por los grandes emporios mineros locales.

El empuje económico que originó el sueño de una novena provincia

Semejante gravitación demográfica e industrial empujó a la sociedad linarense a soñar a lo grande y reclamar su emancipación política para convertirse en la novena provincia de Andalucía. Se libraron colosales batallas administrativas: la primera bajo el amparo de 1923 y la segunda y más determinante en 1925, cuando un grupo de representantes comarcales logró arrancar del dictador Miguel Primo de Rivera un beneplácito condicionado para establecer la Provincia de Linares. Aquel sueño de soberanía provincial llegaría a acariciarse con los dedos, pero acabaría naufragando in extremis ahogado por las lógicas presiones de la Diputación de Jaén y el lapidario voto en contra del municipio de La Carolina.

A este varapalo institucional se sumó un ensombrecimiento progresivo de las finanzas. Debajo de todo aquel frenesí social y nocturno, el horizonte comenzaba a agrietarse. Durante la misma década de los veinte, un descalabro estrepitoso en las cotizaciones internacionales del plomo asestó una puñalada letal a las rentabilidades locales, inaugurando el irreversible declive de un tejido minero que, hasta aquel momento, había parecido inmortal.

El resurgir de la Semana Santa de Linares.

Fue exactamente en esa intensa y trágica encrucijada histórica (atrapada entre el eco de la ostentación burguesa, las cenizas del anhelo provincial y los tambores de la venidera ruina económica) cuando emergió esa mencionada «Edad de Oro» de la Semana Santa de Linares. Como si la urbe buscase en el fervor popular el asidero que la industria le empezaba a negar, la fe vivió una asombrosa eclosión. En 1925 se estructuraba la Hermandad de *La Borriquilla*; en 1927 recobraba el pulso la *Oración en el Huerto* (cuya primera salida de esta etapa dejaría constatada en sus crónicas el *Diario Regional* al año siguiente); y el prolífico 1928 serviría de cuna a corporaciones promovidas por distintas castas sociales. Así, mientras un grupo de titulados se afanaba en alumbrar la naciente cofradía del *Descendimiento*, la incipiente *Sentencia* (precursora del actual *Prendimiento*) adquiría un grupo escultórico firmado por el valenciano Juan B. Palacios, el cual tuvo que refugiarse de forma provisional en Cantarranas, en un templo por entonces en plena construcción que hoy admiramos como la parroquia de San José.

Sin embargo, este fervor generalizado contrastó de manera dolorosa con una tragedia patrimonial irremediable: el 24 de mayo de ese mismo y prolífico 1928, el Ayuntamiento decretaba la demolición total del emblemático convento de monjas dominicas de San Juan de la Penitencia. Tras soportar casi un siglo de expolios, ruina y desidia a causa de la exclaustración de 1836, la piqueta derribó para siempre el recinto sagrado que en el lejano siglo XVI había servido de cuna a la cofradía de las Angustias (germen del actual Santo Entierro).

Génesis y primera Junta de Gobierno de la Santa Cena de Linares

Fue en tan vibrante e inestable escenario histórico cuando germinó el empeño del poderoso gremio local de comerciantes, industriales y bancarios, cristalizando en el nacimiento de lo que hoy conocemos como la Hermandad de la Santa Cena de Linares. Tras unos primeros escarceos organizativos que asomaron en el mes de mayo, la corporación dio su gran paso fundacional convocando una asamblea decisiva el miércoles 3 de octubre de 1928 con la fijación de la sede canónica en la señera parroquia de Santa María la Mayor. Resulta del todo elocuente, dado el linaje mercantil de sus promotores, que esta histórica junta, patrocinada sin reparos por el comercio de Linares, no tuviese lugar en la penumbra de una sacristía, sino sobre la moqueta financiera de los bajos del Banco Hispano Americano.

De aquella reunión, la crónica publicada días después en el diario «El Regional» dibujó con absoluta exactitud el primer organigrama de la corporación. La presidencia nata recayó sobre Juan Pardo Navarro (representado en la sala por el capellán, Antonio Lara Pardo), asumiendo Francisco Cózar López la responsabilidad de ser el primer hermano mayor. Las cuentas de gastos e ingresos, tras ser aprobadas ante los numerosos vocales, quedaron en las manos de Juan Mingorance Motos como tesorero, auxiliado por Antonio Orta Andrés, mientras que la labor de secretario fue encomendada a José Morales. La escolta de la corporación contó con Antonio Córdoba Navarro en calidad de alférez, otorgándose a su vez el título honorífico de este mismo cargo al ilustre político nacional de la época, José Yanguas Messía. Este sólido andamiaje institucional apenas aguardaría unas semanas hasta recibir la oportuna aprobación de sus estatutos, fechada el 30 de noviembre de aquel mismo año.

El majestuoso Misterio de José Pérez Gregori

Allí mismo, en las entrañas del banco, se tomaron las primeras grandes decisiones patrimoniales. Tras dar lectura el secretario a las diferentes ofertas remitidas por artistas de toda España, se aprobó encargar el majestuoso conjunto apostólico de trece efigies a una afamada firma valenciana, imponiendo un altísimo estándar de calidad material: debían ser desbastadas en madera extraída e importada desde Suecia. Semejante tarea recayó sobre el imaginero José Pérez Gregori, un talento adscrito a la fecunda escuela levantina que, para la ocasión, supo moldear su técnica fijando la mirada en los cánones inigualables del maestro murciano Francisco Salzillo. Del portentoso resultado final destacó una audacia psicológica magistral en la figura de Judas Iscariote: el artista logró plasmar la turbación del traidor dotándolo de una actitud furtiva, ocultando celosamente la bolsa con las treinta monedas y evitando de forma palpable cruzar su mirada con Jesús en el sobrecogedor y mismísimo instante de la institución eucarística.

Para formalizar esta colosal adquisición, se convocó una nueva asamblea a las diez y media de la noche del 8 de octubre, citando expresamente en el propio banco al escultor levantino, quien se vio obligado a viajar en persona a Linares para cerrar el trato.

La inteligencia gremial y el arraigo local de la directiva quedaron profundamente impresos en las exigencias de aquellos acuerdos fundacionales. Mientras que las efigies tendrían origen levantino, se acordó por unanimidad que el inmenso trono debía construirse íntegramente en Linares, solicitando los presupuestos pertinentes a distintos ebanistas de la localidad. Asimismo, la hermandad aprovechó aquellas citas de octubre para debatir los bocetos de sus futuras túnicas y dejar rubricado su primer y particular itinerario procesional: la Santa Cena debía transitar obligatoriamente por las principales arterias del comercio linarense, rindiendo así tributo ineludible a los protectores económicos que estaban haciendo posible su propia existencia.

El inusitado interés por ver en la calle esta obra colosal alcanzó su clímax el Domingo de Ramos del 24 de marzo de 1929. Aquella expectación no era para menos; con su fundación, Linares pasaba a integrar un exclusivísimo club devocional, convirtiendo a su hermandad en una de las únicas cinco corporaciones que escenificaban la Sagrada Cena en toda Andalucía. Una insólita singularidad en su vasta geografía más próxima que mantendría en solitario hasta que, ya en 1957, se fundara la corporación homónima en Úbeda. Conscientes de la magnitud del cortejo, durante la mañana de ese mismo día, una unidad de los ilustres Húsares de la Princesa batió a caballo el trazado procesional, inspeccionando con minucia la firmeza del pavimento linarense para garantizar la seguridad del desfile vespertino.

El estreno procesional de 1929 con un innovador trono a ruedas

Cuando la corporación inauguró finalmente su estación de penitencia aquella misma tarde, los cofrades fundadores sorprendieron al Linares de la época luciendo unos hábitos penitenciales de enorme riqueza textil: vistieron túnicas cortadas en impoluta lana blanca, sobre las cuales refulgían las caídas de las capas y los altos caperuces, confeccionados íntegramente en costoso tisú de oro. La estética del conjunto escultórico albergaba una audacia mecánica y lumínica fascinante para la época: el majestuoso trono transitaba a ruedas, apoyado en el chasis de un automóvil. El resplandor que bañaba a los apóstoles no era convencional; emergía de un alarde técnico ejecutado por el taller local de Vallverdú, combinando un centenar de tulipas de gas acetileno con veinticinco bombillas eléctricas dispuestas en hileras y apoyadas en candelabros. Semejante innovación rompió los esquemas de la luminotecnia cofrade de su tiempo. Todo ello descansaba sobre unas andas talladas en madera por Victoriano Ríos Soler, un electricista almeriense de la Compañía Benjamol cuya afición por la talla nos legó aquel primer trono.

La hermandad no solo alimentaba el espíritu, sino también los estómagos vacíos. En su salida de 1931, postrera estación de penitencia antes de que la Guerra Civil desgarrara el país, la corporación honró su inveterada costumbre fundacional: el reparto de 3.125 kilogramos de pan entre las familias más asoladas por la miseria, una proeza filantrópica financiada íntegramente por los bolsillos de la propia directiva.

La destrucción de 1936

Sin embargo, aquel prometedor faro devocional y caritativo sucumbiría abruptamente ante el fuego del odio. El 22 de julio de 1936, al estallar el conflicto civil, la parroquia fue pasto de las llamas, desencadenando la desaparición práctica de la Hermandad al quedar destruido el conjunto escultórico. Según la publicación ‘Cruz de Guía’ del año 2001, de aquella joya tallada en madera sueca que se veneraba en la capilla de San Isidro apenas quedó nada. Las trece esculturas se perdieron, a excepción de dos fragmentos: La cabeza de san Juan y el pie de san Pedro. Fue un cofrade llamado Victoriano Cejudo Soler quien rescató estas valiosas reliquias de entre las llamas, custodiándolas de por vida con un celo absoluto. Tanta fue su lealtad hacia aquellas imágenes, que Victoriano exigió ser enterrado con aquellos restos de madera a su fallecimiento, ocurrido el 1 de octubre de 1967. Y así fue: descendió a la tumba abrazado a los jirones de san Pedro y san Juan, y amortajado dignamente con el esplendoroso e histórico hábito antiguo de la Hermandad.


La etapa de reorganización iniciada en 1955.

Tras un aciago paréntesis de diecinueve años impuesto por las secuelas de la contienda bélica, el reloj cofrade comenzó a latir de nuevo con inusitada fuerza. Haciendo honor a su linaje fundacional, el 19 de junio de 1955 los salones de la Cámara de Comercio de Linares acogieron el milagroso renacer de la corporación. Volvió a ser una férrea alianza de comerciantes e industriales la que propició el resurgimiento, materializado a través de un preacuerdo rubricado el 1 de agosto de 1955 por el entonces hermano mayor, José Córdoba Sánchez. El desafío de recuperar el colosal conjunto escultórico perdido fue encomendado a Víctor de los Ríos. El prolífico imaginero cántabro (para quien la Santa Cena supondría su primerísima obra tallada con destino a Linares) asumió la ingente tarea desde su estudio madrileño de la calle Ríos Rosas. El presupuesto de tan magna encomienda ascendió a la nada desdeñable suma de 300.000 pesetas (un crédito de inmensa fe que la Corporación no lograría terminar de saldar hasta 1963)[semanasantalinarense.blogspot.com], alumbrando lo que en los anales del arte sacro terminaría conociéndose para la posteridad como «la Santa Cena del Sur».
La gestación de esta magistral obra se apoyó en un fascinante eclecticismo anatómico, fundamentado con enorme probabilidad en los severos estudios de rasgos hebreos que el escultor ya había ensayado cinco años atrás para dar a luz a la emblemática Santa Cena de León de 1950 (grupo de incuestionables paralelismos estéticos con el linarense). Para moldear las efigies de nuestros apóstoles, De los Ríos requirió del posado de perfiles sumamente contrapuestos: desde variopintos presidiarios de la cárcel de Carabanchel hasta reconocidas personalidades de la alta curia de su época. No obstante, el rostro de Jesús de Nazaret escondería una intrahistoria que, de manera asombrosa, vincula a Linares con el corazón de Europa, concretamente con Los Alpes.

Anton Preisinger de Oberammergau como inspiración de Víctor de los Ríos.

Según atesora la tradición oral de la cofradía, para encarnar a Jesús la inspiración del maestro viajó hasta Baviera. En la localidad de Oberammergau, un pequeño pueblo a los pies de los Alpes, sus poco más de cinco mil habitantes guardaban la histórica promesa dictada en 1634 de representar la Pasión cada diez años. En 1950, tras la forzosa interrupción dictada por la Segunda Guerra Mundial, la escenificación volvía a cobrar vida. Para aquella simbólica edición, y tras un estricto proceso de votaciones en noviembre de 1949 regido por un comité local, el elegido para encarnar a Jesús fue Anton Preisinger. Se trataba de un hotelero aficionado al teatro, heredero de la célebre posada familiar *Zur alten Post*, que debió afrontar unas altísimas exigencias de inmersión espiritual y una asombrosa resistencia física, especialmente para los lances de la crucifixión. Aquel portentoso esfuerzo de Preisinger no solo acaparó portadas en diarios como *The New York Times* o los flashes de agencias como *Associated Press*, sino que repetiría papel en 1960, consagrándose como un icono del teatro religioso centroeuropeo de posguerra.

El genio de Víctor de los Ríos no pretendió jamás calcar las facciones anatómicas del alemán sobre la madera. Lo que el imaginero cántabro buscaba (y logró de manera magistral) fue atrapar ese magnetismo interior, la sobriedad expresiva, la serena grandeza moral y la tensión mística que Preisinger proyectaba sobre el escenario de los Alpes. Pero la influencia de aquella enigmática representación bávara no se detuvo exclusivamente en la figura de Jesús. Fiel a su honda fascinación por la obra teatral alemana, De los Ríos siguió posando su mirada en Oberammergau para moldear la dulce efigie de san Juan Evangelista, tomando en esta ocasión como sólida referencia los rasgos y la juventud compungida del actor Werner Bierling, quien había encarnado magistralmente el rol del discípulo amado en aquella misma e histórica función. De este modo, al contemplar la Santa Cena de Linares, no se observa un frío retrato de aquellos actores centroeuropeos, sino la sublimación de un clima y un recogimiento universales; el prodigio insólito de entrelazar la fría tradición germánica con el candente fervor andaluz bajo un mismo golpe de gubia.

Como exquisito aperitivo a toda esta maravilla plástica, y con el fin de desatar la expectación de sus benefactores comerciales, la ciudadanía pudo deleitarse con un avance inédito doce meses antes del estreno. Durante el transcurso del año 1956, los amplios escaparates del conocido negocio «La Verdad» (enclavado en la emblemática galería del Pasaje del Comercio) acogieron una muestra soberbia exhibiendo el primer triclinio rematado por el autor, permitiendo a Linares postrarse por vez primera ante los penetrantes y definitivos rostros de Judas, Tomás y Felipe.

El obsequio del Ángel Custodio

Casi un año después de aquel primer preacuerdo, el 19 de julio de 1956, una nueva firma bajo el mandato de José Pedregosa afianzó el contrato definitivo. Como gesto de nobleza, el maestro montañés obsequió a los linarenses con la talla de un Ángel Custodio destinado a presidir el cortejo como Cruz de Guía. Su rostro inocente pertenecía, en realidad, a un chiquillo que el escultor se había topado fortuitamente jugando en la Plaza de Santa Margarita.

Puede afirmarse que el propio Víctor de los Ríos obró, casi a nivel de escenógrafo, en la concepción estética de la primera estación de penitencia de 1957. El artista perfiló un cortejo inaudito que abriría el Ángel Eucarístico haciendo las veces de Cruz de Guía, continuado por un riquísimo desfile de insignias, una espectacular cuadriga y jinetes romanos costeados de su propio bolsillo, y una emblemática sección de trompeteros de vanguardia, insólita guardia que maravilló a los espectadores. Este tercio de heraldos sorprendió a los espectadores al utilizar largos clarines rectos de sonido brillante regalados por el propio imaginero (en claro contraste con las clásicas trompetas de tono más grave que utilizaban y siguen estilando el resto de las únicas hermandades linarenses que poseen este colectivo: Nazareno, Rescate y Expiración). Un curioso detalle histórico radica en que la originaria capa blanca de estos músicos ocultaba un reverso forrado íntegramente en un profundo color rojo sacramental (una señal de identidad colectiva que las directivas acabarían suprimiendo años más tarde por motivos que hoy se pierden en el olvido). De aquella época primigenia nació el toque de llamada conocido en el tercio como «El Original», un toque concebido a tres voces aquel año y que, a día de hoy, sobrevive interpretándose a dos[semanasantalinarense.blogspot.com].

Un jovencísimo ebanista local llamado Guillermo Francoso acometió la titánica obra de conformar el colosal trono en maderas de okumé, asistido por Calbache y Felipe Moya. No obstante, en la misma radiante mañana del estreno procesional tuvo lugar una estrambótica anécdota que hoy forma parte de la mitología cofrade linarense. El volcánico temperamento de De los Ríos asomó cuando acudió presencialmente a inspeccionar el montaje y dedujo que los remates decorativos de las andas ocultaban la contemplación plena de los pies de los discípulos. Sin vacilar un solo instante y armado con un recio martillo, la emprendió a golpes contra dichos remates, todo ello ante la mirada perpleja y atónita del autor del trono. El enfurecido maestro cántabro desconocía por completo un detalle crucial: las andas iban a procesionar inacabadas a falta de la peana definitiva que otorgaría la altura ideada. Un alzado base que, curiosamente, jamás llegaría a materializarse en el futuro.

Dicho armazón resultaba un reto de ingeniería suprema, habida cuenta de las 6 toneladas que pesa el conjunto con el trono. El ingenio linarense solventó la papeleta acudiendo a Madrid para adquirir y readaptar el chasis oruga de un gigantesco tanque antiaéreo de factura alemana. Esta joya mecánica dotó a la directiva del codiciado prodigio de rotar las figuras transversalmente para cruzar con pasmosa fluidez las calzadas más angostas del itinerario minero.

El desmesurado volumen del paso, avivado por el aumento del número de enseres, y la masiva respuesta de las nóminas de hermanos que no dejaban de engordar sus filas, provocó un severo asfixiamiento logístico en el seno de la basílica matriz, bordeando en 1960 la obligatoriedad real de un traslado a la iglesia de San Agustín. Felizmente, el éxodo logró detenerse tras unas laboriosas gestiones que culminaron en la vital cesión espacial de la anexa Capilla del Sagrario de Santa María, lo que permitía conservar permanentemente desplegada esta imponente embarcación eucarística los trescientos sesenta y cinco días del año.

Durante años, la Cofradía vertebró su imponente puesta en la calle en torno a sus dos únicos pasos: el Ángel Eucarístico como Cruz de Guía y la mag-nífica Santa Cena. En las postrimerías de los años sesenta, un profundo anhelo mariano comenzó a gestarse en su seno, e incluso se llegó a encargar a Víctor de los Ríos un boceto preliminar en 1969 para esculpir una dolorosa, pero aquel proyecto acabaría frustrándose.

La creación de la Banda de Cabecera de la Santa Cena

La década posterior trajo consigo una gloriosa transformación acústica. El año 1975 asistió al nacimiento de la Banda de Cabecera de la Santa Cena, forjada a semejanza de las grandes formaciones que ya imperaban en la ciudad (Expiración, Rescate y Nazareno). Los más veteranos aún recuerdan cómo iniciaba su multitudinario pasacalles desde los aledaños de la Plaza de Toros, dejando en el público la sensación de que aquella marea de músicos no terminaba nunca de pasar. Sin embargo, aquel mismo 1975 deparó una cara amarga: El histórico tercio de trompeteros que el mismísimo Víctor de los Ríos había impulsado en la reorganización acabó desapareciendo, víctima, al parecer, de alguna problemática interna.

Tras ser intervenido por Berlanga, el Ángel Custodio abandonó sus ruedas y fue aupado al hombro por vez primera en 1983[http://www.geocities.ws/adrivaz1111/historia.html]. Pero procesionó así tan sólo unos pocos años.

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1983. El paso del Ángel Custodio portado por hombres de trono.


Al año siguiente, la hermandad inició un delicado proceso para restaurar su conjunto escultórico, un capítulo tristemente recordado por sus desastrosos resultados. Tras una primera y desafortunada intervención llevada a cabo por Muñoz Arcos (una época en la que el Cristo llegó a procesionar luciendo unas desafortunadas potencias), se requirió la labor del restaurador José Ajenjo, logrando devolver el esplendor perdido tanto al Cristo como a los apóstoles.

Para cerrar los curiosos anales de esta década, cabe rescatar de la memoria un atípico año en el que, empujados por las graves inclemencias meteorológicas del Domingo de Ramos, la hermandad se vio obligada a realizar su salida procesional en la inusual tarde del Miércoles Santo.

La esperada llegada de Ntra. Sra. de la Paz en 1990.

Aquel sueño maternal postergado halló finalmente consuelo cuando despuntaba la última década del milenio. Una comisión viajó a Sevilla el 12 de mayo de 1990 para visitar el obrador de Luis Álvarez Duarte, donde tomó forma el bellísimo rostro de Nuestra Señora de la Paz. Cuando el frío apretaba aquel 7 de diciembre, la imagen asomó por Linares, recibiendo bendición a la jornada siguiente.

En la primavera de 1991 la Señora de la Paz procesionaba ya entre sus fieles, regalando una estampa completa desde su mismísima y primera salida, pues lo hizo portada a costaleros y cobijada bajo palio. Fue un desfile inicial cargado de hermosos guiños fraternos: se emplearon las andas de un trono provisional elaborado por Roberto Romero y la Virgen ceñía sus sienes con una corona prestada generosamente por la hermandad hispalense de Ntra. Sra. de Guadalupe. Aquel conjunto iría mudando su piel; un par de años más tarde heredaría los antiguos respiraderos de la Hermandad del Nazareno, paso previo a confeccionar paulatinamente su deslumbrante paso de palio definitivo.

A medida que se acercaba el nuevo siglo y la Hermandad ganaba peso y solemnidad, la puesta en escena y el pentagrama de la Santa Cena de Linares vivieron años de enorme efervescencia. En 1996, la directiva logró el empeño de rescatar del olvido al antiguo tercio de heraldos o trompeteros, un renacer en el que participaron los trompeteros de la Expiración, quienes conformaron al principio el tercio de Nuestra Señora de la Paz. Esta reorganización trajo consigo la incorporación de dos marchas de heráldica: «La Media» y «La Entera».

Aquel mismo 1996 dejó otra estampa para el recuerdo nostálgico colectivo: la Banda de Cabecera interpretando los acordes épicos de «Ben-Hur» durante su tradicional pasacalles.

Sin embargo, el año siguiente (1997) la Banda de Cabecera desapareció por problemas internos. Durante aquel amargo vacío sonoro, el testigo de acompañar al Señor fue recogido por una banda de formación clásica: La Agrupación Musical Reina de la Paz. Esta agrupación llegó a procesionar años más tarde justo detrás del inmenso paso de misterio; una estampa ciertamente controvertida para el purismo linarense, tratándose de la Santa Cena del Sur.

En 1998 La Cofradía llegó a registrar otra salida insólita en la jornada del Martes Santo debido a la lluvia del Domingo de Ramos.

Siglo XXI

Debido a unas profundas y obligatorias obras de restauración ejecutadas en la basílica de Santa María la Mayor en los primeros años del nuevo milenio, todas las corporaciones con sede canónica en la parroquia tuvieron que «emigrar» forzosamente. Aquel atípico año, dadas las monstruosas dimensiones de su trono que hacían inviable buscar asilo en otro templo cercano, la Santa Cena no tuvo más remedio que improvisar su complicada salida procesional desde una cochera particular ubicada en la calle Pedro Padilla.

Por supuesto, no fue la única gran curiosidad de aquellos prolíficos y agitados años: Contempló orgullosa cómo el peculiar Ángel Eucarístico viajaba a Sevilla para ser expuesto con todos los honores en el marco de la muestra nacional MUNARCO, e incluso vio a su refundado tercio de trompeteros viajar para participar en una procesión en la localidad de Montemayor durante la noche del Jueves Santo.

En la primavera de 2004, gracias al trabajo infatigable de la junta, a la batuta de José Miguel Escuín «Peri», y al apoyo incondicional de los hermanos/as, la Corporación obró el anhelo de reorganizar su Banda de Cabecera. Renaciendo de sus cenizas cual ave fénix bajo la denominación de A.M. «Santa Cena», la formación devolvió a todos los cofrades linarenses una de sus más artísticas señas de identidad, tejiendo de nuevo un riquísimo y ecléctico repertorio donde se fundían sus marchas clásicas, destacando por encima de todas su insignia u oficial «Triunfal», basada en el canto eclesiástico de ‘Cantemos al Amor de los Amores’, junto a himnos como «Canticorum Jubilo» de Haendel, la popular zarzuela «El Cantar del Arriero» o «Lloran los clarines». A este pilar musical sumaron poco a poco mag-istrales adaptaciones de partituras de cine, como «La Traición» (‘Air Force One’), «La Cena» (extraída de ‘Ammerland’), «Cáliz de Paz» (que entrelaza ‘La Máscara del Zorro’ y ‘Parque Jurásico’), «Doce Apóstoles» (‘El Señor de los Anillos’), «Nueva Alianza» (‘Una mente maravillosa’) o la exitosa y popera «En tus manos está» que es la adaptación de «11 de marzo» de La Oreja de Van Gogh.

De forma paralela, el recuperado escuadrón de singulares clarines rectos no dejó de enriquecer su propio patrimonio para gozo de los ciudadanos. En el Domingo de Ramos de 2003 incorporaban al asfalto la partitura de «La Floreá» (pieza firmada por uno de sus propios integrantes), siendo en 2007 un colectivo integrado por diez componentes. Ese mismo año se estrenó «El Salesiano», un novedoso toque de clarín compuesto y ejecutado en exclusiva para Ntra. Sra. de la Paz.

El encuentro con el Barrio de La Paz.

En 2009, la directiva acordó modificar de forma extraordinaria y totalmente atípica su itinerario tradicional con un propósito: acercar la procesión hasta las mismísimas puertas de la barriada de La Paz. Al atardecer de aquel Domingo de Ramos, una multitud se agolpaba expectante al final de la calle Baeza aguardando el reencuentro, pues Ntra. Sra. de la PAz regresaba al barrio después de años de ausencia y, por vez primera, en su jornada procesional oficial.

La ceremonia en la calle fue planteada desde la absoluta sencillez. Con el trono de la Santa Cena y el paso de la palio frente a frente, la presidencia de la Cofradía recibió a la representación vecinal del barrio para llevar a cabo un cálido intercambio de reconocimientos. Mientras los dos tercios de de clarines hacían sonar sus vibrantes toques (cada tercio situado firmemente junto a su paso), la hermandad reverdeció la gran labor social de sus orígenes procediendo a repartir cientos de bollitos de pan entre los presentes, una hermosa tradición asistencial, heredera de 1931, que afortunadamente había sido recuperada algunos años atrás. Como broche de oro a aquel abrazo entre Linares y sus convecinos, tuvo lugar una suelta de palomas blancas (símbolo universal de la advocación de la Paz) que levantaron repentinamente el vuelo el interior del paso de palio.

La nueva casa de hermandad y el emotivo XXV aniversario mariano

El preámbulo de esa efervescencia institucional contemporánea hay que situarlo a finales de 2014. En diciembre de aquel año, bajo el mandato de la hermana mayor María Dolores Díaz, la corporación alcanzó un hito logístico fundamental para su arraigo al inaugurar definitivamente su espaciosa y anhelada Casa de Hermandad, radicada en el número 28 de la calle Santa Engracia. La envergadura económica de la adquisición y el acondicionamiento del local supuso un titánico esfuerzo para las arcas de la Corporación, viéndose en la obligación de posponer proyectos patrimoniales inminentes (como la siempre reclamada restauración de la talla del Ángel Custodio) para priorizar la dignificación de esta nueva sede operativa.

Fruto de ese arduo trabajo logístico, la junta de gobierno afrontó la primavera de 2015 con novedades de gran calado estructural y estético. Con el fin de agilizar su tránsito procesional, el horario de salida desde Santa María se adelantó históricamente a las cinco de la tarde. En la calle, el paso de palio de Nuestra Señora de la Paz lució por primera vez una faldilla delantera salpicada de elementos bordados y un primoroso pañuelo de salida para la dolorosa, todo ello en el prólogo de un año marcadamente emotivo en el que se iniciarían los preparativos para festejar su vigésimo quinto aniversario mariano.

En la espléndida y multitudinaria tarde del Domingo de Ramos de 2015, miles de linarenses se agolparon en las calles para arropar el discurrir de una cofradía que, lejos de estancarse, ya miraba hacia el futuro con una ambición renovada.

Marcha 'De Galilea al Jordán
Marcha ‘De Galilea al Jordán’. Vídeo: AngelRescatero 2017.
Marcha ‘Desde que tú te fuiste’. Vídeo: AngelRescatero 2017.
Banda de cabecera en C/ Corredera de San Marcos, 2017.
El esplendor contemporáneo y las miras hacia el centenario

La última década de la corporación refleja un crecimiento patrimonial sostenido y metódico. El ejercicio de 2018 supuso un claro punto de inflexión a nivel estético y organizativo. La Banda de Cabecera abrió el desfile estrenando un banderín corporativo propio, se presentó una nueva Bandera de la Hermandad, y la cantera de la Cofradía hizo lo propio desplegando por primera vez el banderín del Grupo Joven. En el plano puramente logístico y de orden, la directiva incorporó veinticinco nuevos hábitos penitenciales y dotó a los fiscales de tramo con cuatro palermos para gestionar la marcha de los hermanos de luz. El protocolo de las presidencias y acólitos se modernizó con cinco báculos de orfebrería y un renovado juego de incensario y naveta. En el último tramo de la procesión, el palio de Nuestra Señora de la Paz ganó prestancia con la instalación de nuevas piezas de candelería y el estreno de una cuidada saya para la imagen titular.

banda de cabecera santa cena carrera oficial 2018
Paso de la Banda de Cabecera por Carrera Oficial en 2018

Esa inercia de inversión y desarrollo continuó plasmándose en el balance del año siguiente. Durante la Semana Santa de 2019, los esfuerzos del taller y la contabilidad se centraron de manera notable en la cabecera y el misterio. La formación musical adquirió ocho timbales y amplió su archivo sonoro con la marcha *Eternum*, mientras que los capataces del misterio y la sección de trompeteros salieron a la calle con nuevos bandones de terciopelo bordado. Por su parte, el trono de la Santa Cena estrenó faldones y lució la restauración de doce antiguos tiradores dorados. Simultáneamente, el paso de palio completaba sus flancos instalando las definitivas bambalinas laterales. Se incorporó un equipo de ciriales, pertiguero e incensario delante del misterio, y se estrenaron báculos y nueva cubierta del libro de reglas.

Nostalgia musical, estrenos de palio y nuevos hábitos penitenciales

Superado el vacío sin procesiones (que no sin actividad) que impuso la pandemia a las hermandades de Linares, la salida penitencial de 2022 combinó el incremento del patrimonio material con un ejercicio de memoria sonora. En lo visual, la corporación reforzó el inicio de su procesión escoltando la Cruz de Guía con dos mazas y cuatro servidores uniformados en color granate, al tiempo que dos bocinas simbólicas pasaron a preceder el andar del misterio. A nivel acústico, la Banda de Cabecera aplicó una rearmonización a su repertorio para rescatar el sonido característico del período 2007-2010. Las nuevas partituras devolvieron a la vía pública adaptaciones tan singulares como *Marcha Triunfal* y *En tus manos está*, una conocida fusión entre la música de «11 de marzo» de La Oreja de Van Gogh y la banda sonora de la película *Casper*.

Aquel 2022 también dejó importantes titulares para el paso de palio, que pasó a ir acompañado por una banda de música plenamente propia e identificada con su propio banderín. El ajuar mariano sumó una saya rosa, ocho jarras y doce cordones de sujeción para las bambalinas, a lo que se añadió una tercera fila de candelería. En el apartado de los bordados, la cofradía presentó a sus fieles veinticinco nuevas túnicas de nazareno y amplió el número de estandartes con un *Sine Labe Concepta* y un guion sacramental.

El capítulo de la actualidad certifica una consolidación estructural ininterrumpida. La crónica de 2023 recogió el estreno del estandarte de Cristo, otra fila más de candelería para la Virgen y el rediseño de la Cruz de Guía.

La innovación técnica del armón y la conservación del patrimonio

Sin embargo, el curso de 2024 vino a confirmar esta orientación de los presupuestos hacia los cimientos técnicos de la Hermandad y la conservación preventiva de sus emblemas primigenios. A la restauración del bronce de dos bocinas y el estreno de la sexta fila de candelería para el palio, se sumó el inicio de la ansiada primera fase de restauración del Ángel Custodio. En paralelo, el taller acometió una vital intervención mecánica sobre la dirección y los frenos del robusto armón de artillería que sirve de base al misterio. Este avance técnico, sumado a la instalación de un ingenioso sistema de raíles en el templo, permitió una salida mucho más fluida para las dimensiones colosales del trono de la Cena.

Domingo de Ramos de lluvia y reivindicación

Pese al rigor logístico, aquel Domingo de Ramos de 2024 quedó irremediablemente marcado por una jornada de luces y sombras impuesta por la inestabilidad meteorológica. Bajo un cielo gris y la incipiente amenaza de lluvia, un amago de llovizna obligó al cortejo a protagonizar un repliegue preventivo al templo al poco de iniciarse la salida. Minutos después, midiendo los tiempos con audacia, la junta de gobierno acordó reanudar la marcha asumiendo el riesgo de recorrer un itinerario más corto de lo habitual. Esa salida tuvo, sin embargo, un poderoso valor simbólico que enlazó con los orígenes más nobles de la corporación: en recuerdo de aquellas épocas de hambruna mitigadas por los propios cofrades, la Hermandad de la Santa Cena recuperó su primigenia tradición de 1931, y procedió a repartir bollitos de pan entre el agradecido público congregado.

Una vez en la calle, la estación de penitencia se dirigió directamente a la Carrera Oficial por Pasaje del Comercio y Corredera de San Marcos, para protagonizar un episodio que no estuvo exento de polémica. A modo de reivindicación, ante la imposibilidad material de que la gran Santa Cena del Sur pudiera atravesar frontalmente el nuevo y estrecho trazado dispuesto para la Carrera Oficial, el misterio sorprendió a los presentes dando un extraño giro en Las Ocho Puertas para llegar al palco central dando la espalda a las autoridades, sin realizar la parada de rigor, y dictando su avance exclusivamente bajo el sobrio sonido del redoble de tambor. A su estela, el paso de palio completó este tránsito con la normalidad requerida, recibiendo incluso el tributo floral de la corporación municipal linarense.

Fuentes: 




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