Diario de viaje (1838-39) del ingeniero de minas Lorenzo Gómez Pardo [MEGAPOST]

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Las cofradías de Semana Santa de Linares, hunden sus raíces en el siglo XVII y su historia se ha podido reconstruir, gracias a los documentos que figuran en distintos archivos y a la labor de muchos investigadores locales. Sin embargo, aún quedaban ciertos aspectos de la trayectoria de esas hermandades que no estaban nada claros o que necesitaban de la oportuna confirmación. En historia, tan importante es un hallazgo novedoso como la ratificación, vía documental, de algún aspecto que se intuía, pero del que aún no se tenía la certeza absoluta. Pues bien, gracias al Diario de viaje del ingeniero Lorenzo Gómez Pardo, (escrito entre los años 1838-39) se corroboran algunas ideas anteriores y se descubren interesantes revelaciones que vienen a llenar –en parte– el vacío documental de la Semana Santa de Linares en unos momentos tan cruciales como son los años posteriores a la Desamortización de Mendizábal de 1836.

El Estudio ‘El diario de viaje del ingeniero de minas Lorenzo Gómez Pardo: Una nueva aportación documental a la Semana Santa de Linares‘ es una obra de Andrés Padilla Cerón publicada en el año 2019. Se publica en este sitio web con el consentimiento del autor.

El autor y su diario de viaje

Lorenzo Gómez Pardo y Ensenyat (1801-1847) fue un ingeniero especializado en metalurgia y mineralogía. Un profesional riguroso, liberal y romántico, reconocido también por ser uno de los impulsores de la Escuela de Minas de Madrid. Gómez Pardo gozó de una vida pública muy activa: viajó por motivo de estudios a Francia y Alemania, fue diputado a Cortes por Madrid y tuvo una brillante carrera administrativa y académica. Igualmente, y como inspector de la Dirección General de Minas, estuvo comisionado para visitar distintos distritos mineros. Su archivo personal está compuesto por correspondencia, publicaciones, informes técnicos, apuntes y diarios en los que iba narrando sus viajes. La mencionada colección se encuentra conservada en la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Minas y Energía de la Universidad Politécnica de Madrid. Dicho archivo proporciona un conjunto de interesantísimas fuentes documentales para la investigación de la minería y la administración estatal durante los años de 1830 a 1840. No obstante, ofrece también la oportunidad de estudiar algunos aspectos políticos y sociales de aquella década tan convulsa.

La obra concreta de Lorenzo Gómez Pardo que nos ha permitido configurar este trabajo de investigación son unos apuntes que escribió con motivo de su estancia en Linares y Almadén, en cumplimiento de comisiones oficiales.

El documento lleva por título: 1838 y 1839. Diario de mi viaje desde Madrid a Linares y desde esta villa a Jaén, Bailén, Granada, Baeza[1]. Por lo que respecta a Linares, se trata de un cuaderno formado por 61 páginas que comienza el 6 de octubre de 1838 y concluye en abril de 1839. Entre esas dos fechas, Gómez Pardo desarrolló una larga comisión en el distrito minero de Linares, a donde se trasladó para inspeccionar el funcionamiento de la importante mina de plomo de Arrayanes. El ingeniero aprovechó su larga estancia en nuestra ciudad para revisar archivos y escribir numerosos apuntes históricos, técnicos y científicos sobre las minas del distrito y la fundición de plomo de Linares. Un auténtico tesoro para conocer la historia del distrito minero Linares-La Carolina, justo en el momento de la gran expansión minera de la comarca y antes de la llegada de los empresarios ingleses.

Pero Lorenzo Gómez trascendió más allá de su condición de técnico y, aparte de cumplir con su misión inspectora, nos dejó importantísimos testimonios sobre la villa de Linares en ese periodo tan poco conocido. En efecto, en su Diario nos habla de sus calles, de sus iglesias, de la fuente del Pisar, de las manifestaciones religiosas y de tantas otras cosas, que hacen de este relato una herramienta imprescindible para aproximarnos a ese lejano Linares de los años 1838-39.

Tanto caudal de información merecerá en su día un estudio exclusivo sobre el mismo, pero en esta ocasión nos detendremos en el relato que Gómez Pardo hace de la Semana Santa de Linares en el año 1839.

Este periodo de tiempo es muy interesante, puesto que apenas hacía tres años que se había llevado a cabo la famosa Desamortización de Mendizábal[2] y además arroja algo de luz sobre una época tan apasionante como fue la regencia María Cristina de Borbón, siendo Isabel II menor de edad.

Las primitivas cofradías penitenciales y su correspondencia en Linares

Antes de comenzar con el estudio del Diario de viaje propiamente dicho, nos detendremos un poco en enumerar los distintos tipos de cofradías penitenciales históricas y su correspondencia con las que fueron apareciendo en Linares.

El siglo XVI viene marcado en España por los reinados de Carlos I y Felipe II, así como por la contrarreforma y las luchas contra el protestantismo. En este contexto histórico, tiene lugar la aparición de hasta tres tipos distintos de cofradías penitenciales. La clasificación más extendida de ellas es la siguiente:

Cofradías de la Vera-Cruz: También llamadas en algunos sitios de la Sangre de Cristo o de las Cinco Llagas. Generalmente, estaban promovidas por la Orden Franciscana, ya que allí donde se fundaba un convento de esta congregación, surgía inmediatamente una cofradía de la Vera-Cruz. Su principio fundacional solía ser la devoción a la Cruz en la que Cristo nos redimió de nuestros pecados, es decir, la Verdadera Cruz o Vera-Cruz. El periodo de implantación de estas hermandades, abarca desde las primitivas de Sevilla y Toledo, fundadas en los años 1448 y 1480, hasta las que se instituyeron a finales del siglo XVI. Su rasgo más destacado era la práctica de la disciplina durante la procesión, que comenzaba el atardecer del Jueves Santo.

Cofradías de la Soledad: También conocidas bajo las advocaciones de Nuestra Señora de las Angustias o de la Quinta Angustia y, en general, del Santo Entierro de Cristo. Estas hermandades se fundan casi siempre de forma algo posterior a las de la Vera-Cruz. En su constitución se aprecia la influencia de la Orden de los Dominicos y en menor medida, la de los Carmelitas Calzados. Durante las procesiones, que se verificaban al anochecer del Viernes Santo, también se practicaba la disciplina. No obstante, hay algunos casos especiales en que se organizaba un tipo original de procesión en forma de entierro, sin disciplinantes y con hermanos portando luces.

Cofradías de Jesús Nazareno: En sus orígenes se les denominaba de la Cruz de Santa Elena, aunque al poco tiempo se las empezó a llamar como las de los nazarenos o simplemente de Jesús Nazareno. Casi todas ellas se fundan en el último cuarto del siglo XVI o principios de la siguiente centuria. En su constitución no interviene de forma clara ninguna orden religiosa, aunque los franciscanos y también los carmelitas descalzos promoverían un gran número de ellas. La particularidad de estas hermandades era que sus penitentes, que salían en la procesión del Viernes Santo en la mañana, no se disciplinaban, sino que portaban una cruz de madera. Quizás por la ausencia de cruentos sacrificios, suscitan pronto la aceptación popular, logrando un gran arraigo entre la población, el cual se ha mantenido hasta nuestros días.

Las primitivas cofradías de Linares

Tres son los grandes centros religiosos de la provincia de Jaén durante la segunda mitad del siglo XVI: Jaén, Úbeda y Baeza. En dichas ciudades se fundan cofradías que responden a los tres arquetipos mencionados y además en el orden indicado. Pues bien, si no al mismo tiempo que aquellas, sí con escaso margen, se fundan también en Linares cofradías que se corresponden con los tres tipos que se han enunciado:

  • Cofradía de la Vera-Cruz cuyas primeras constituciones datan del año 1558.

  • Cofradía de la Quinta Angustia que aprobó sus primeros estatutos en el año 1586.

  • Cofradía del Nazareno. Sus primeros estatutos fueron aprobados en el año 1601, aunque se le puede suponer una fundación en torno a la última década del siglo XVI.

Con este piadoso trío de hermandades pasionistas, vio la luz del siglo XVII la humilde villa de Linares. Y es que, como ya dijo el insigne historiador Rafael Ortega y Sagrista, las hermandades pasionistas de Linares hunden sus raíces en el siglo XVI, lo cual les confiere una «venerable antigüedad». No se tiene constancia de la existencia de otras cofradías o devociones pasionistas en nuestra población hasta finales del siglo XIX.

La Semana Santa de Linares según el diario de viaje de Gómez Pardo

En las siguientes líneas se tratará de dar algunos apuntes sobre la historia de estas tres cofradías linarenses que confirmarán y ampliarán lo ya conocido sobre las mismas. Para ello y como ya se ha indicado, tomaremos como base el mencionado Diario de viaje de Lorenzo Gómez Pardo.

El espacio que el autor dedica a la Semana Santa de Linares ocupa un total de cinco páginas y en ellas podemos apreciar dos partes. Una primera en la que se dedica a tomar una serie de apuntes y otra en la que parece que pone en claro todos los datos que antes había tomado «a vuela pluma». Esta segunda parte presenta algún que otro fallo de continuidad y, además, mezcla las características de algunas procesiones con las de otras. Por todo ello y para facilitar la lectura, hemos agrupado el texto original en función de la cofradía a la que se estaba refiriendo. De esta manera, se ha colocado dicha transcripción como una especie de entradilla en letra cursiva, antes de proceder a su estudio pormenorizado. Por otra parte, en la transcripción de este manuscrito se ha pretendido combinar adecuadamente conservación y modernización, con el objeto de que el texto sea fiel traslado del primitivo, pero sin que ofrezca dificultad en su comprensión. En la parte modernizadora se ha seguido el sistema actual en la separación de palabras, así como en el uso de mayúsculas, acentuación y puntuación. En cualquier caso, el curioso lector puede consultar al final del presente trabajo una reproducción fotográfica del texto transcrito.

La Semana Santa de Linares

La función más célebre y más notable de Linares es la Semana Santa. Hasta ella acuden gentes de todas las poblaciones vecinas (…)

Con esta escueta introducción, Lorenzo Gómez nos está revelando un dato que ya se intuía, pero que aún no se había confirmado: la importancia que habría de adquirir la Semana Santa linarense a lo largo del siglo XIX. En efecto, tal y como ya se ha apuntado anteriormente, en Linares existían los tres tipos básicos de cofradías históricas y el número y calidad de sus procesiones se podía parangonar con las de Úbeda, Baeza y Jaén. Además, y aunque no se mencione en el Diario, a principios del siglo XIX se establecería una nueva procesión: la del Resucitado. Por otra parte, la procesión de Jesús de la Humildad comenzó a salir en solitario a partir del Miércoles Santo de 1858. Con todas estas novedades se elevaría a cinco la nómina de procesiones de nuestra villa y a cuatro, los días de la Semana Santa con cortejos procesionales en la calle. Unos datos que hacían de la villa de Linares, a mediados del siglo XIX, una de las poblaciones con mayor número de procesiones y, además, en donde comenzaban antes.

Otro dato que no podemos dejar de mencionar es la constante alusión al término «penitente» que hace nuestro cronista cuando menciona a los integrantes de las procesiones. Ese –y no otro– es el término tradicional con el que, al menos en Linares, se ha denominado siempre a las personas que salen en un cortejo procesional de Semana Santa revestidos con un hábito. La expresión «nazareno» es ajena por completo a la idiosincrasia e historia de la Semana Santa de la ciudad de Linares. Además, si una procesión de Semana Santa es una estación de penitencia, ¿qué mejor forma de denominar a los integrantes de la misma sino con el término «penitente»? Una particularidad más de Linares era mencionar a los penitentes que salían en el tramo de Jesús de la Humildad como «humildes», una expresión de la que no hemos encontrado paragón en otras partes del país. Por desgracia, este término ha dejado de usarse en la actualidad.

Por último, conviene reseñar la ausencia de mención alguna a la guardia romana que acompañaba a algunas procesiones de Semana Santa en Linares, los populares armaos. Sin embargo, una tropa tan colorista y sonora no habría pasado desapercibida para Gómez Pardo. Por lo tanto, lo más seguro es que por ese año de 1839, aún no se hubiera constituido. De hecho, es necesario recurrir al clérigo inglés H.J. Rose, quien en el viaje que realizó a Linares nos relata con todo género de detalles las características de esta guardia romana allá por el año 1875 al señalar a «Los soldados judíos que mataron a nuestro Cristo,… se refería a los soldados romanos»[3] . Otra mención también muy antigua nos la proporciona el bisemanario local El Eco Minero de 13 de abril de 1887, en donde, en tono jocoso, se habla de esta institución: «Asomarse muchachas, que pasan los Armados». Por lo tanto, la conclusión que podemos sacar es que esa peculiar tropa de armaos, se fundó a mediados del siglo XIX.

Procesión del Jueves Santo por la tarde con las imágenes de Jesús de la Columna, Jesús de la Humildad, San Juan y una Dolorosa.

Jueves Santo, sale de la parroquia lleva el guion Aguilar, el cofrade. Guion. Luego los penitentes negros con velas (…) y con una gran bocina muy larga con sonido áspero. Después, la escuadra de la humildad con coronas, cruz, rosario, disciplinas y cordones, una calavera debajo del brazo, los celadores con un tarro de lata y una escobilla de almazarra[4]. Imágenes, primero fueron la Columna, con tonelete bordado. Luego el Cristo de la Humildad con la mano en la mejilla. San Juan con capa verde y chorreras y camisa con cuello estirado y un ramo de palma.

La Dolorosa lleva un vestido bordado (…) El Jueves Santo por la tarde sale una procesión de disciplinantes. El guion o estandarte está colocado desde por la mañana en la fachada de la casa del encargado de llevarlo, que es el que paga gran parte de la función y en este año fue un cadete de guardias de campo, llamado D.N. Aguilar, que vino expresamente de Baeza.

Luego siguen los humildes, llaman así a los penitentes blancos. Estos llevan túnica de lienzo basto con una caperuza de lo mismo, todo blanco o moreno, más bien, por ser de una especie de lienzo. La caperuza la llevan torcida o caída un poco en señal de humildad y sobre ella una corona de espinas. Un cordón de esparto les cae del cuello y a la cintura, llevan pendiente un enorme rosario y unas disciplinas. Llevan los pies desnudos y una calavera en la mano, la cabeza baja y una vela en la otra.

De trecho en trecho se ven los celadores del tramo, que son otros humildes con un bastón o báculo y que llevan un bote de hojalata con almazarrón y una brocha con la que ponen un «manchurrón» al humilde que se distrae a mirar las muchachas, [o]a hablar, con el objeto de que pague luego por cada señal una libra de cera u otra multa.


Algunos de estos humildes van de penitencia con los brazos en cruz durante toda la procesión, que es larga y dura más de dos horas, otros llevan dos velas en los brazos abiertos. Las imágenes son principalmente malas (…) mascarada grotesca.

La virgen vestida de largo con un manto bordado de oro. Un Hecce-Homo sentado con (…) y otro con un tonelete[5] igualmente bordado.

Una efigie que tiene cara de hembra, con un manto verde de tafetán y pelo extendido que dicen que es san Juan.

Esta cofradía se denominaba, en su origen, como de la Vera-Cruz y estaba formada por tres escuadras principales que eran las del Señor de la Columna, Jesús de la Humildad y Madre de Dios de los Dolores. Sus primeras constituciones fueron aprobadas en el año 1558, aunque existen noticias y documentos que señalan su existencia como anterior a 1545[6]. A mediados del siglo XVIII comenzó a generalizarse la denominación de Cofradía de Jesús de la Columna.

A pesar de que no hay ningún documento que así lo pruebe, parece que se fundó en la iglesia del convento de San Francisco, aunque a principios del siglo XVII hay noticia de que ya estaba establecida en la iglesia parroquial de Santa María[7]. Esta mudanza parece que atrajo otras devociones que se incorporaron en forma de escuadras. Nos referimos a la de Jesús de la Columna, que en sus orígenes estaba ubicada en el convento de Dominicas de San Juan de la Penitencia, como una escuadra de la cofradía de la Virgen de los Remedios. Esto, al menos, es lo que se deduce de una relación de cofradías existentes, alrededor del año 1780, en la parroquia de Santa María de Linares y en donde figura esta esclarecedora cita:

Cofradía de la Vera-Cruz, hoy con el título de Jesús de la Columna: La cofradía de Jesús de la Columna, hoy con el título de la Vera-Cruz. Antes la cofradía de Ntra. Sra. de los Remedios, sita en el convento de San Juan de la Penitencia. Religiosas Dominicas de esta Villa.[8]

Tras algunos desencuentros entre las distintas escuadras que la componían, el año 1858 se produce la primera separación entre las mismas. De esta manera, la escuadra de Jesús de la Humildad comenzaría a salir en la noche del Miércoles Santo en solitario y la escuadra de Jesús de la Columna seguiría haciéndolo el Jueves Santo por la noche. Tras una efímera reunificación, se produce la separación definitiva de las escuadras a partir del año 1884, volviendo así a la misma situación del año 1858.

Después de más de cuatro siglos de devoción, conocemos muchos aspectos de esta cofradía, y de la procesión que organizaba. Sin embargo, todavía había algunos detalles que se nos escapaban o que estaban pendientes de confirmación y que, gracias al Diario de Lorenzo Gómez Pardo, se han podido esclarecer: el primer y sorprendente dato es cuando se dice que el Jueves Santo por la tarde salía «una procesión de disciplinantes». Pero, ¿qué era una procesión de disciplinantes? Pues ni más ni menos que aquella en la que concurrían personas practicando públicamente la disciplina, la cual consistía en que los penitentes, que iban con las espaldas desnudas, se azotaban con unas madejas o ramales de lino e incluso con unos rudos cordeles de esparto. Esa costumbre fue prohibida por el rey Carlos III, quien promulgó la Real Cédula de 20 de febrero de 1777, por la cual se instaba a las chancillerías y audiencias del reino a que no permitiesen «todo género de disciplinantes, empalados y otros espectáculos en las procesiones de Semana Santa». No obstante, esta costumbre tardó todavía algunos años en erradicarse por completo. En cualquier caso, en Linares no se tiene constancia de que en las primeras décadas del siglo XIX aún se siguiese practicando la disciplina pública. Es más, la única referencia a las disciplinas se tiene de la escuadra de Jesús la Humildad y en ella se niega que se usasen tales instrumentos:

La citada escuadra comenzó, ya en el siglo XVIII, a querer independizarse de la cofradía matriz de la Columna (nueva denominación que adquirió por ese tiempo la primitiva cofradía de la Vera-Cruz), a la cual pertenecía como una sección de la misma. Para ello, los oficiales perpetuos de la Humildad redactaron unos estatutos en el año 1778, los cuales fueron sometidos a la aprobación del Obispado. Dichas constituciones fueron el blanco de muchas objeciones por parte del Fiscal general de dicho Obispado, pero el principal recelo venía de la inclusión de disciplinas en su atuendo y que los hermanos fueran desnudos «de pie y pierna». Encargado un informe al corregidor de la villa de Linares, este indicaba que no hacían uso de las disciplinas, sino que las empleaban a modo de cordón «para edificación y humildad».

Al final de su informe añadía que, según personas «antiguas y modernas», todo ello «sucedía así desde que dicha Escuadra se erigió»[9] . El informe del corregidor de la villa surtió efecto y la escuadra de la Humildad pudo seguir con su tradicional atuendo. Por lo tanto, es de suponer que Lorenzo Gómez tomase la presencia de dichas disciplinas en el hábito del humilde como señal de que se seguían usando. Sin embargo, no hay ninguna otra referencia externa que haga mención a ese dato, al menos en esas primeras décadas del siglo XIX. No obstante, tampoco puede descartarse que, de manera puntual, algún penitente se disciplinase de manera más o menos clandestina o anecdótica.

Otra cuestión que nos confirma este Diario de viaje es que en ese año de 1839 se seguía con la costumbre de admitir pujas para sacar el guion de la cofradía. Dicha práctica se mantendría hasta finales del siglo XIX y a la postre, fue uno de los motivos para la separación de las escuadras y la posterior refundación de la cofradía de Jesús de la Columna en el año 1909. Igualmente, nos informa de la existencia de dos tipos de penitentes:

– Los penitentes que acompañaban a Jesús de la Columna, que iban de negro, ya que esa era la vestimenta típica de los hermanos de las cofradías de la Vera-Cruz. También hace referencia a la bocina que se llevaba en ese tramo y que resultaba ser una trompeta larga que se transportaba entre dos penitentes y que se hacía sonar cada cierto tiempo.

– Los penitentes que iban en el tramo de Jesús de la Humildad y que ya en ese año de 1839 se denominaban «humildes». El cronista hace una completa descripción del hábito de los mismos al decir que llevaban «coronas, cruz, rosario, disciplinas y cordones, una calavera debajo del brazo». Esta referencia a los cráneos humanos se trata del documento más antiguo que confirma la existencia de esa costumbre tan tenebrosa. Dicha tradición dejó de practicarse en las últimas décadas del siglo XIX, y su fin estuvo motivado por las irreverencias con que los humildes trataban a esos restos humanos.

Un dato que ya se sabía sobre la escuadra de Jesús de la Humildad, pero que este documento actualiza, es la existencia de los celadores del tramo. Estos integrantes marcaban con una señal a aquel humilde que no se comportaba con corrección en la procesión. Sin embargo, habla de que, para ello, se usaba la almazarra, que es un pigmento de color rojo y no negro, como posteriormente se transmitió en algunos periódicos de principios del siglo XX. Por otra parte, indica que la principal causa de tal señal era distraerse «a mirar las muchachas», lo que no puede sino corroborar las escasas posibilidades que tenían los jóvenes de principios del siglo XIX para poder coincidir con integrantes del género opuesto.

Otra información novedosa que proporciona el texto es la existencia de algunos penitentes del tramo de Jesús de la Humildad que hacían el recorrido con los brazos en cruz e incluso sosteniendo una vela en cada mano. Esto podría ser una variante de los llamados empalados o aspados. Esta práctica consistía en que el penitente se ataba los brazos a un palo de madera que soportaba sobre su cuello. De esta manera simulaba la crucifixión de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, pudiera ser que aquel humilde de Linares que llevara los brazos en cruz, utilizase también este sistema. En cualquier caso, estas prácticas también fueron prohibidas, junto con los disciplinantes, por una cédula del año 1777. Sin embargo, su erradicación completa no se consumaría hasta bien entrado el siglo XIX, tal y como podemos comprobar en la presente crónica de 1839. Por otra parte, también pudiera ser que nuestro cronista tomase a esos humildes con los brazos en cruz por auténticos disciplinantes prestos a flagelarse.

Por último, y en el apartado de la imaginería, el texto habla de que en la procesión salían, al menos, cuatro efgies:

– Jesús de la Columna, que llevaba un faldellín bordado.

– Jesús de la Humildad, a la que describe como una imagen sedente «con la mano en la mejilla», tal y como aparece en las fotos que han llegado hasta nuestros días.

– Virgen Dolorosa.

– San Juan Evangelista, que llevaba una palma en la mano, tal y como se aprecia en algunas fotos de principios del siglo XX.

Las imágenes no son del agrado del autor que las tilda de malas y de grotescas. Incluso llega a mofarse de la efigie de san Juan, al explicar que tenía «cara de hembra» y poner en duda su filiación al señalar: «dicen que es san Juan».

Procesión del Viernes Santo por la mañana con las imágenes de Jesús Nazareno, San Juan, Magdalena y una Dolorosa.

El Viernes sale muy de mañana otra procesión de San Francisco, todos con velas solo los penitentes negros, con cordones de esparto, coronas de espinas y descalzos o con alpargatas. La procesión sale del convento de San Francisco. El Guion lo lleva el Alférez y va delante, luego siguen los penitentes negros cada uno cargado con una gran cruz de madera pintada de negro que conservan en cada casa. El guion lo saca Contreras, el vizconde. Imagen de la Dolorosa, va de negro. Jesús de Nazareno, San Juan, la Magdalena, pasa por el ejido y Jesús hace unos cortes de manga. En la noche del Jueves tocan unas trompetas horrorosas.

Por lo que respecta al convento de San Francisco de Linares, hay que decir que ha sido la sede de esta cofradía desde su fundación hasta la actualidad. Dicho cenobio fue erigido en el año 1554 bajo la rama de los franciscanos observantes. Las primeras capitulaciones fueron dispuestas por fray Cristóbal Segado, natural de Linares y uno de los primeros moradores del convento. Fue suprimido en 1835, pasando sus bienes a poder del Estado, merced a los decretos desamortizadores que promulgó el Gobierno en 1836. Tras su cierre, el edificio de la iglesia fue convertido en capilla auxiliar de la parroquia de Santa María hasta que en 1893 es elevado a la categoría de parroquia.

Esta hermandad del Nazareno se llamaba en sus orígenes cofradía de la Cruz de Santa Elena y estaba erigida en el citado convento de San Francisco. Sus primeros estatutos fueron aprobados en el año 1601, aunque se le puede suponer una fundación anterior, en torno a la última década del siglo XVI. Salían en procesión el Viernes Santo por la mañana y su particularidad, como todas las de esta advocación, era que sus penitentes portaban una cruz de madera. La historia de esta cofradía linarense está muy bien documentada, así como la evolución de su cortejo procesional a lo largo de la historia. Sin embargo, todavía quedaban algunos detalles de la misma que había que confirmar y de eso se encarga el Diario de Lorenzo Gómez. Aun cuando se trata de la procesión a la que le dedica menos espacio, podemos destacar algunas ideas fundamentales.

La que más nos puede llamar la atención es la reseña que hace del Alférez de la cofradía, cargo que recaía en un tal Contreras que era vizconde. Esta cita no es gratuita, pues se sabe que hace referencia a Alonso María de Contreras Torres de Portugal y Espejo (1781- 1851) que fue el primer Vizconde de Begijar. Este título se lo concedió el rey Fernando VII en el año 1816. Es decir, que en ese año de 1839 el vizconde tendría unos 58 años. Para confirmar esta filiación tenemos el Reglamento para la aplicación de las antiguas constituciones de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno[10] en cuyo artículo 4º se dice que las alhajas y ropas propias de la imagen de Jesús Nazareno:

las ha de custodiar la casa del Sr. Vizconde de Begíjar, ya que cuanto en la actualidad posee la referida Imagen ha sido donado por la familia del expresado señor, ya que porque así viene de costumbre.

Este artículo modificaba las antiguas constituciones de 1796 en donde se decía que al cargo alférez de la cofradía recaía en Rafael de Ayala Carvajal Zambrana. Es decir, se confirma que, alrededor de 1816 (año de la concesión del título) se tuvo que producir un cambio en el oficio de alférez en favor del flamante vizconde de Begijar. Este cambio estaría motivado (al menos en parte) por la donación de alhajas y ropajes que este señor hubo de hacer a la referida imagen del Nazareno.

Por lo que respecta a la procesión, nos confirma que salía en las primeras horas de la mañana, tal y como lo venía haciendo desde su fundación. En lo relativo a la indumentaria de los penitentes, nos proporciona este sorprendente dato: salían penitentes vestidos de negro y, además, unos llevaban una vela encendida y otros, cruces pintadas de negro. Esto no haría sino corroborar lo que ya se sabía de la procesión, es decir, que era una mezcolanza de penitentes negros y morados, unos con cruces y otros sin ellas. De hecho, las antiguas constituciones del año 1796 decían en su ordenanza 10ª:

que cada uno de los hermanos de esta cofradía ha de asistir a la procesión del Viernes Santo con túnica y capilla o careta de lienzo negro o morado, una soga de esparto para el cuello que llegue a los pies y otra para la cintura, una cruz de madera teñida de negro de once cuartas de largo y los brazos de ocho,[11]

Esta mezcla de colores seguiría hasta bien entrado el siglo XX, tal y como refleja el Reglamento de 1910 en cuyo artículo 8 manda que dicha ordenanza se observe puntualmente, «exceptuado lo relativo a las cruces», que serían sustituidas a partir de ese año por blandones de cera.

En lo referente a las imágenes que salían en la procesión sólo hace una relación de las mismas: Nazareno, Dolorosa, San Juan y Magdalena. No obstante, parece que omite a la santa mujer Verónica, quizás porque ese año no saliera o porque al cronista le pareciera poco relevante. En cualquier caso, la presencia de esta imagen es un hecho cierto, puesto que su concurso era imprescindible en la ceremonia de El Paso[12] que se estuvo celebrando en Linares hasta la invasión francesa (1808-1812), aunque se tiene noticia de que se intentó restituir algunos años más tarde. Posteriormente hay constancia fotográfica de la salida procesional de la Verónica acompañando a la imagen del Nazareno.[13]

Pero lo que más nos llama la atención de este diario es cuando dice que la procesión «pasa por el ejido y Jesús hace unos cortes de manga». Está claro que hace referencia a la bendición que se efectuaba en el Ejido de San Sebastián, merced a que la imagen tenía uno de sus brazos articulado. Este acto se sigue realizando en la actualidad (aunque trasladado al Paseo de Linarejos) y era una reminiscencia de la citada ceremonia de El Paso, aunque reducida a su mínima expresión. Sin embargo, lo del «corte de manga», no sabemos si es un error de transcripción o que el autor se quiere mofar de la citada ceremonia de la bendición.

Por último, la crónica nos da una clara referencia al castizo y tradicional «uní», al contar que en la noche del jueves «tocan unas trompetas horrorosas». ¿Pero qué es esto del uní? Pues ni más ni menos que una ceremonia o costumbre, que ha ido evolucionando a lo largo del tiempo y que aún perdura. El origen de la misma nos lo explicaba el querido y recordado Juan Sánchez Caballero (cronista oficial de Linares), para quien el Uní era todo ese conjunto de saetas, toques de trompeta y coplas que tenía lugar en la noche del Jueves al Viernes Santo. En dicha vigilia, los trompeteros y cantores tenían paso franco en las casas de los hermanos nazarenos, siendo invitados a vino manchego y bacalao para «aclarar la garganta». Estos trompeteros y cantaores realizarían, allá por las postrimerías del siglo XIX, un singular recorrido[14] que comenzaba en la Plaza de las Siete Esquinas hasta bajar por la calle Ayala y detenerse en la puerta del palacio de los Vizcondes de Begíjar, en donde cantaba un primer «calvario» que era una copla religiosa interpretada a tres voces. Dicha interpretación iba seguida de varios toques de trompeta. A continuación, se paraban frente a la puerta de San Pedro (iglesia de Santa María) para seguir por la calle San Juan hasta desembocar en la actual calle de teniente Ochoa y aparecer por la parte alta de la plaza de San Francisco hasta llegar a la iglesia del mismo nombre. Todo este itinerario estaba jalonado de cantos de «calvarios», así como del quejumbroso y peculiar toque de las trompetas del Nazareno.

Procesión del Viernes Santo por la tarde con las imágenes de Jesús yacente, Vera-Cruz y una Dolorosa.

Por la noche sale de San Francisco y todos de negro con ramos y velas. El entierro de Cristo, la Vera Cruz con sudario y la Dolorosa. Cristo con la cabeza delante con cajas o panderetas con fundas.

Después de los oficios dan las flores a las muchachas.

Desde la hora de los oficios salen los penitentes vestidos de una túnica negra, con una gran caperuza que les cubre la cara muy empingorotada, en la que solo hay dos agujeros para los ojos, llevan un gran rosario y un ramo de flores en la mano.

Las jóvenes están esperando en todas las ventanas y los penitentes llegan y les dan las flores y jalean del [al]más completo, porque estando enmascarados, se permiten licencias muy ajenas de la santidad del día. Es una mascarada santa o un saturnal cristianificado.

Preceden a las imágenes, penitenciales con una especie de panderetas debajo del brazo, cubiertas de tela negra y van golpeándolas como si fueran tambores, lo que provoca un sonido desagradable y desarmónico.

El primer documento conocido sobre esta hermandad es el acta de un cabildo celebrado en 1552 por la «Cofradía de la Quinta Angustia de Cristo» y en la que se toma el acuerdo de encargar una Dolorosa «y sus angas» (andas)[15] . No obstante, la aprobación de sus primeras ordenanzas se retrasaría hasta octubre de 1586. Por lo que respecta al lugar de su erección, no tenemos noticias ciertas del mismo hasta un cabildo celebrado en el año 1688 en cuya acta se indica que tuvo lugar en el «Convento de San Juan Bautista de Religiosas Dominicanas de esta villa» 16. Por lo tanto, es muy lógico suponer que se fundase también en ese mismo convento.

Durante el siglo XVI la cofradía contaba con solo dos escuadras: la de la Virgen de las Angustias, que daba nombre a la cofradía y la escuadra de la Vera-Cruz, que no tenía nada que ver con otra cofradía existente por aquellos tiempos y que se llamaba de igual forma. Con el transcurso del tiempo el número de escuadras aumentaría hasta un total de seis: Santo Domingo, María Magdalena, San Juan Evangelista y Santo Sepulcro, que junto con las primitivas de la Virgen de las Angustias y la Vera-Cruz, completaban esta especie de archicofradía. La procesión que se organizaba tenía lugar en la tarde-noche del Viernes Santo y se hacía en forma de entierro, con hermanos portando luces (hachones y blandones de cera) o tocando algún tambor ronco y, por supuesto, con la asistencia del clero y autoridades civiles.

Con muy diversas vicisitudes y algún cambio de nombre, la cofradía siguió su andadura hasta 1836. En este año tiene que trasladar su sede porque el convento dominico es clausurado. Desde finales del siglo XIX hay noticia cierta de que residía en la iglesia de San Francisco, templo en que el continua de presente, si bien su nombre actual es Cofradía del Santo Entierro de Cristo.

Tras esta breve reseña histórica nos centraremos en lo que nos cuenta el Diario de Lorenzo Gómez, y que promete no defraudarnos. En efecto, el primer y novedoso dato que aporta sobre la procesión es que «por la noche sale de San Francisco», es decir que ya en ese año de 1839, estaba instituida en la iglesia de San Francisco. Y esto no es baladí, puesto que la historiografía local siempre ha sostenido que, a causa del cierre del convento de San Juan de la Penitencia en 1836[17], la cofradía se trasladó en ese mismo año a la iglesia parroquial de Santa María. El espacio de tiempo que habría permanecido allí se situaba en torno al periodo de 1836 a 1860. Incluso se ha llegado a identificar una capilla de dicho templo como «de la Dolorosa», en alusión a que la imagen de Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad estuvo alojada allí. Sin embargo, la presente Crónica, refuta con toda claridad dicha tesis, es decir, la cofradía de la Virgen de las Angustias o del Santo Entierro, habría pasado desde el convento dominicano hasta la iglesia de San Francisco sin que mediara ningún tránsito por la iglesia parroquial de Santa María. Y esto es así porque en la Semana Santa de 1836 debió salir del convento de San Juan ya que el decreto para su supresión está fechado el 7 de marzo de 1836 y la noticia llegó a Linares mediante una circular de 29 de abril de 1836, suscrita por el Intendente de la Provincia. Como el Viernes Santo de ese año cayó el 1 de abril, está claro que la procesión pudo salir todavía de ese convento, ya que aún no había llegado la comunicación oficial que lo clausuraba[18]. Los dos posteriores ejercicios de 1837 y 1838 no parece muy probable que saliese de la iglesia de Santa María, máxime cuando, ya en 1839, (año al que se refiere el Diario) lo hace de la iglesia de San Francisco que en aquel tiempo ya funcionaba como capilla auxiliar de la parroquia. Si ese año de 1839 hubiese sido el primero, creemos que el cronista lo hubiera especificado.

Las cajas redoblantes, la imaginería y los singulares «penitentes de las flores».

En lo referente a la procesión, confirma que todos los penitentes iban de negro con un caperuz cónico («empingorotado») y que tocaban una especie de panderetas con fundas negras. En realidad, se está refiriendo a las llamadas cajas redoblantes o tambores de pellejo, siendo esta la reseña directa más antigua de la que se tiene noticia, referente a esta ancestral costumbre. Estas cajas están constituidas por un aro revestido de piel de conejo, no muy tensa y adornadas con un faldellín de raso negro. Estos tambores destemplados se tocaban antiguamente mediante una maza, con tal insistencia, que al final de la procesión se acababa por romperlos, ya que éste era el objetivo final que se perseguía. Actualmente no se utilizan mazas, sino palillos y ya no se aspira a romperlas, sino todo lo contrario. ¿Cómo es el sonido de la caja? Si intentamos buscar una onomatopeya que nos acerque a su resonancia, parece que el tambor va tocando al son de las palabras «San-to, se-pul-cro».

Sobre su historia, hay que decir que está documentado que, ya en el año 1757, se admitían pujas para sacar la procesión del Santo Entierro[19], las cuales incluían la adquisición de los tambores redoblantes. Esta tradición de subastar las cajas, se mantuvo hasta finales del siglo XIX o incluso principios del XX. La subasta se verificaba antes de la procesión y los tambores eran adquiridos por aquellas personas que querían darse el gusto de romper una caja de tanto tocarla. En ese sentido, es muy ilustrativa la frase que aparece en una reseña del periódico Linares de 21 de abril de 1881 que dice: «La caja se cotizó a alto precio». Lo cual demuestra que esta puja constituía una sustanciosa fuente de ingresos para la cofradía. Una vez que ya hace más de cien años que se suprimió esta práctica de las subastas, en la actualidad se mantiene la tradición del toque de las cajas, pero materializada en un armonioso conjunto de tétrico y lúgubre sonido, compuesto por unos siete individuos que tocan el tambor revestidos de penitentes.

Respecto a las imágenes que salen en esta procesión, el Diario es breve, pero elocuente, al referirnos que eran tres: la de Cristo «con la cabeza delante», en una clara alusión a que se trataba de la figura de un Cristo yacente y que el sentido de la marcha era el de la cabeza de Jesús. También menciona que salía «la Vera Cruz con sudario». Con esto nos está indicando la presencia de una cruz desnuda que llevaba prendida una representación del paño con el que envolvieron el cuerpo de Jesús muerto. Por otra parte, y como ya se ha dicho, no hay que confundirla con otra cofradía del mismo nombre que existía en Linares. La nómina de imágenes la completa con la efigie de una Dolorosa que no podía ser otra que Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad. De las imágenes de las otras es- cuadras de las que se tiene noticia fidedigna (Santo Domingo, María Magdalena y San Juan Evangelista) no dice nada. Sin embargo, hay constancia de que dichas efigies fueron trasladadas a la iglesia de San Francisco cuando el convento de San Juan se cerró en 1836, aunque probablemente dejarían de salir en esa procesión a partir de ese año. Por otra parte, hay noticias de que la imagen de Santo Domingo fue trasladada a la iglesia de Tobaruela en el año 1844[20]. Por su parte, las de San Juan y la Magdalena es muy posible que pasaran a engrosar el conjunto de imágenes de la cofradía de la Expiración, que se fundó en el año 1896 en la misma iglesia de San Francisco. En efecto, en una fotografía correspondiente a la estación de penitencia de esa hermandad en el año 1904 se ven unas imágenes de San Juan (con evangelios y sin palma) y la Magdalena.

Pero en la tradición en la que más se detiene nuestro ingeniero-cronista es en la que se ha venido a denominar como «los penitentes de las flores». A Lorenzo Gómez le tuvo que llamar mucho la atención que después de los oficios del Viernes Santo (sobre las cinco de la tarde) unos grupos de penitentes encapuchados ofrecieran ramos de flores a las muchachas que estaban apostadas en las ventanas. Además, refiere que, como estaban enmascarados, se permitían algunas licencias (suponemos que solo verbales) con las chicas que los esperaban tras las rejas, las cuales incluso les procuraban algún que otro piropo, es decir «jalean del [al]más completo». Sin embargo, parece que no comprendía muy bien la forma de ser andaluza y calificaba a estos inocentes escarceos como «mascarada santa o un saturnal cristianificado». La descripción de esta costumbre constituye la primera referencia conocida a esta tierna práctica.

El punto de vista del clérigo inglés H. J. Rose

La siguiente persona en hablarnos de esta tradición tan poco piadosa fue el clérigo inglés H.J. Rose que visitó Linares en el año 1875 y que nos da su particular versión de la misma: contaba este viajero que, apenas se dispersaba la procesión de la mañana (la del Nazareno), los penitentes cogían manojos de flores y, acercándose a las casas cercanas, llamaban para ser recibidos «naturalmente echándose la negra caperuza sobre su cara antes de hacerlo». De esta guisa, le ofrecían las flores a la muchacha en quien habían puesto sus ojos. Según H.J. Rose, la costumbre española admitía que las mozas pudieran conversar con los penitentes a través de la reja puesto que éstos tenían la cara cubierta. Según este mismo clérigo el motivo del proceder de los penitentes de las fores es que, como habían sido pecadores, no eran dignos de la compañía de las mujeres «que son puras y buenas». Pero al salir en la procesión y hacer penitencia, habían saldado su deuda con Dios y, en consecuencia, eran «libres de amar y de ser amados de nuevo». Una explicación un tanto libre y romántica, propia del periodo en el que fue escrita, pero que también nos ilustra sobre las argucias de las que se tenían que valer muchos jóvenes para poder conversar con la dama de sus sueños.

La tradición de los penitentes de las flores según Federico Ramírez

Por último, la persona que mejor supo definir y estudiar esta peculiar costumbre fue el reputado historiador local Federico Ramírez[21], quien nos indica que esta tradición pudo haberse iniciado en el siglo XVIII y que su origen era el siguiente: Desde tiempo inmemorial existía en Linares una costumbre consistente en que un grupo de señoras, procedentes de las familias más nobles de la villa, montaba a partir de las tres de la tarde del Viernes Santo, una especie de guardia o asamblea piadosa en torno al Santo Sepulcro que se veneraba en la iglesia del convento de San Juan Bautista de la Penitencia. Pues bien, desde las primeras horas de la mañana del Viernes se podía ver a numerosas personas, ataviadas con el traje de penitente, recolectando flores silvestres. El destino de aquellas flores era servir de adorno para el Santo Sepulcro, que salía en procesión la tarde de aquel Viernes Santo. La segunda parte de esta costumbre consistía en que, antes de que las flores silvestres llegasen a su destino, los llamados «penitentes de las flores» se paraban en las ventanas y balcones de las casas de la villa, para conversar con las damas jóvenes que se encontraban apostadas esperándolos. Durante la conversación se efectuaba el intercambio de las flores silvestres, por otras que se cultivaban en los jardines y patios de las casas particulares en donde se paraban. De esta manera, los penitentes acudían a la iglesia del convento de San Juan portando las flores domésticas que eran entregadas a la asamblea de damas guardianas para que adornasen el paso del Santo Sepulcro, que salía esa misma tarde. Cuando el citado convento fue cerrado en 1836, la imagen del Santo Sepulcro fue trasladada a la iglesia de San Francisco, constituida en capilla auxiliar de la parroquia de Santa María. En ese momento se construyó una urna de cristal para alojar al Cristo Yacente, la cual dejó de adornarse con flores. Por este motivo, la razón de ser de esta singular costumbre dejó de existir, sin embargo, la tradición de ofrecer flores y conversar con las mozas siguió manteniéndose hasta finales del siglo XIX, tal y como nos confirman los autores mencionados.


  1. Biblioteca ETSI de Minas (Madrid), Legado Gómez Pardo, DGM-Viajes minero-metalúrgicos, carpeta 9. 1838 y 1839. Diario de mi viaje desde Madrid a Linares y desde esta villa a Jaén, Bailén, Granada, Baeza y viaje a Almadén, abril de 1843.
  2. Fue promulgada el 19 de febrero de 1836 por Juan Álvarez Mendizábal, ministro de Hacienda y presidente del Gobierno de la regente María Cristina de Borbón. Supuso la expropiación forzosa de los terrenos y bienes de las órdenes religiosas. Estuvo precedida por los decretos de 25 de julio y 11 de octubre de 1835 por el que se ordenaba el cierre de conventos.
  3. ROSE, Hugo James. Linares 1875. H.J. Rose un clérigo inglés en el distrito minero (Traducción y recopilación del Colectivo Proyecto Arrayanes). Excmo. Ayuntamiento de Linares. Linares. 2011, pág. 374.
  4. También llamado «almagre», que es un óxido rojo de hierro, muy abundante en la naturaleza, que se emplea en pintura como colorante.
  5. Falda o traje que solo cubre hasta las rodillas.
  6. BRAVO GARRIDO, Francisco. La Cofradía de la Vera-Cruz de Linares. Cinco siglos de devoción. Linares Edita Viola Publicidad. 2006. págs. 58-60. En el mismo hace referencia a un documento del Archivo Histórico provincial de Jaén de fecha 20-02-1545. Leg. 326. Escribano Sánchez Cachirieto, f. 143v
  7. AHML. Leg 2562-38 Cofradía de la Vera Cruz… documento sin numerar. Hace referencia a que la cofradía está establecida en la parroquia de Linares y que existe un libro de juntas que comienza el 06-05-1611
  8. Archivo Histórico de la Basílica de Santa María de Linares. Leg. 02-10.
  9. A.H.M.L. Escuadra de Jesús de la Humildad. Año 1778. Leg. 2573-12.
  10. Archivo Histórico de la Cofradía del Nazareno de Linares, documento suelto. Antiguas Constituciones de la cofradía de Ntro. Padre y redentor Jesús Nazareno y reglamento para su aplicación. pág.18 Las antiguas constituciones fueron aprobadas por la cofradía el 17-01-1796 y el reglamento para su aplicación en el año 1910, el cual supone una adaptación con ciertas «atenuaciones» a lo promulgado en las constituciones de 1796.
  11. Traducidas al sistema métrico, resulta una cruz de 2,30 m de largo por 1,70 de ancho. Dimensiones más que considerables.
  12. Al igual que actualmente se hace en Baeza, en esta ceremonia se simulaba el acercamiento de la Verónica al rostro de Jesús, los abrazos de la Virgen al Nazareno y algunas otras ceremonias tiernas y piadosas.
  13. Se trata de dos fotografías de principios del siglo XX que nos muestran a la procesión a su paso por la Plaza Alfonso XII y en donde se ven las efigies de San Juan, La Magdalena y La Verónica con su paño entre las manos. Dichas fotografías eran parte integrante de una muestra de imágenes antiguas de Linares que se expuso en el año 2004 en El Corte Inglés de Linares. Desde entonces desaparecieron y todas las gestiones que se han hecho para recuperarlas, han sido infructuosas.
  14. CALLES DE RUS, Juan. «Tradiciones Linarenses» en Anuario Cruz de Guía año 1956.
  15. Archivo de la actual Cofradía del Santo Entierro. Libro de actas nº 1, f.4
  16. AHML. Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias. Sobre petición de escrituras… Leg. 2562-31
  17. La causa directa del cierre fue el Real Decreto de 9 de marzo de 1836 por el que se suprimían todos los monasterios, conventos, colegios, congregaciones… En principio, el decreto solo afectaba a los conventos de varones, pero en el mismo también se preveía reducir el número de conventos de monjas «al que sea absolutamente indispensable» y establecía el cierre de aquellos que tuviesen menos de 20 profesas, como era el caso del convento de Linares.
  18. De hecho, el cierre fue precedido por un «Inventario de ornamentos» realizado el 16 de mayo de 1836, es decir, un día antes de que el Ayuntamiento de Linares se diera por enterado del decreto de supresión. ORTEGA Y SAGRISTA, Rafael. «Venerable antigüedad de las Cofradías pasionistas de Linares». Separata del Boletín del Instituto de Estudios Jienenses.1978. Jaén págs. 52-53. Según el autor, el inventario se encuentra en el archivo diocesano de la Catedral de Jaén, pero no se cita la signatura y hasta ahora ha sido imposible localizarlo
  19. AHML. Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. Año 1757. Leg. 2562-33
  20. AHML Leg 135-70. Año 1844. Se trata de una carta del párroco de Tobaruela solicitando al Obispado que le fuera donada a su iglesia la efgie de Santo Domingo que se hallaba en la iglesia de San Francisco de Linares. En dicho templo se había constituido un depósito en donde se almacenaban todos los enseres procedentes de los conventos clausurados y amortizados.
  21. RAMÍREZ, Federico Linares. Documentos y Apuntes de tiempos antiguos (recopilación de Juan Sánchez Caballero y Félix López Gallego). Linares. Edita Diputación Provincial. 1999, págs.330-331

Bibliografía

BRAVO GARRIDO, Francisco. La Cofradía de la Vera-Cruz de Linares. Cinco siglos de devoción. Linares Edita Viola Publicidad. 2006.

CHAMORRO PEREZ, Carlos y RECHE MAÑAS, Diego. A. El Nazareno, boletín extraordinario Jubileo 2000. Linares. Edita Cofradía del Nazareno. 2000.

GALIANO, Juan Carlos. Cirio, incienso, costal y tambor. Córdoba. Edita Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur. 1998.

LOPEZ SEOANE, Francisco Javier. Historia y Refexiones de “Mi Semana Santa”. Linares. Edita Cofradía del Santo Entierro de Cristo. 1999.

ORTEGA Y SAGRISTA, Rafael. Venerable antigüedad de las Cofradías pasionistas de Linares. Separata del Boletín del Instituto de Estudios Jienenses. Jaén. 1978.

PADILLA CERON, Andrés. Linares Nazareno. Aproximación histórica a la cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno y a la iglesia de San Francisco de Linares. 2009. Linares.

RAMÍREZ, Federico Linares. Documentos y Apuntes de tiempos antiguos (recopilación de D. Juan Sánchez Caballero y D. Feliz López Gallego). Linares. Edita Diputación Provincial. 1999.

ROSE, Hugh James. Linares 1875. H.J. Rose un capellán inglés en el distrito minero de Linares. (Traducción y recopilación del Colectivo Proyecto Arrayanes). Edita Excmo. Ayuntamiento de Linares. Linares. 2011.


Fuentes hemerográficas

PADILLA CERON, Andrés. «El convento de dominicas de San Juan de la Penitencia, de Linares» en Archivo Dominicano núm. 32, 2011, págs. 93-164. «Tradiciones de la Cofradía del Santo Entierro de Linares» en Revista de folklore, núm. 372, 2013, págs. 39-54.

VILLAR LIJARCIO, Juan José «La villa de Bailén y su castillo medieval en 1839» en LOCVBER, revista científica de patrimonio. Vol. 1/2017. Bailén.


Archivos

Publicaciones periódicas

Boletín del Instituto de Estudios Jiennense. BIEG. (1953- )

El Eco Callejero. Semanal Informativo de Linares. Primera Época (1984-1991)

Linares. Revista mensual de información cultural. (1951-1959)

Cruz de Guía. Publicación anual de la Agrupación local de Cofradías (1956-)

Periódicos locales y provinciales: Diario de Linares, Diario Regional, El Noticiero, El Eco Minero, El Día, Linares, La Unión, La Provincia, Jaén, Ideal.

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