Tercera Caída

En una ciudad forjada en el rigor del plomo, y dueña de un patrimonio espiritual secular, el surgimiento de nuevas corporaciones exige una templanza y una constancia admirables. Esta es la crónica documental y evolutiva del Grupo Parroquial de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia en su Tercera Caída, Nuestra Señora de la Victoria y San Juan Evangelista. Un relato que huye de la inmediatez para adentrarse en el pausado caminar de una juventud que decidió, paso a paso, escribir su propio capítulo en la historia cofrade de una ciudad cuya Semana Santa es un tapiz en constante tejido.

1. Los albores de la Tercera Caída en la Basílica (2017)

Los cimientos institucionales del grupo parroquial se establecieron de manera formal en el mes de julio del año 2017. El epicentro de este incipiente movimiento devocional fue la Basílica de Santa María la Mayor, el templo matriz que atesora gran parte de la historia cofrade de la ciudad. Desde sus primeros compases, el rasgo más definitorio del colectivo fue su juventud. Jóvenes linarenses que, en su inmensa mayoría, no superaban la treintena de años, decidieron dar un paso al frente asumiendo cargos de honda responsabilidad. Nombres como Alejandro Valderas, Luis López, Carlos Montial y Adrián Castillo conformaron un núcleo directivo caracterizado por su notable capacidad organizativa.

Aquel objetivo fundacional no era otro que fraguar una futura hermandad de penitencia, pero desde el principio se impuso la cautela. Entendieron que el proceso no consistía en una carrera apresurada, sino en asentar unas bases sólidas en el seno de la comunidad parroquial, asumiendo los tiempos necesarios en el cultivo de la formación y la caridad.

2. El rostro de la Victoria (2018-2019)

El primer gran hito devocional que materializó los anhelos del grupo tuvo lugar casi un año después de su fundación. El 10 de junio de 2018, el grupo parroquial recibió a la que se convertiría en su primera imagen titular: Nuestra Señora de la Victoria.

La dolorosa, bendecida bajo la tutela del entonces párroco y director espiritual, Sebastián Pedregosa, brotó de la gubia del imaginero Antonio Parras Ruiz, natural de la cercana localidad de Torredelcampo. La talla cautivó de inmediato por su capacidad de conmover con su mirada introspectiva, erigiéndose en el faro espiritual del colectivo. El propio escultor, evidenciando su estrecho vínculo con la obra y con el grupo, terminaría asumiendo la delicada labor de vestidor de la imagen, auxiliado por Linarejos Izquierdo en calidad de camarera. Merced al esfuerzo de sus devotos, el ajuar de la Señora comenzó a completarse paulatinamente con donaciones significativas, tales como broches y preseas.

Con la imagen ya expuesta al culto, el grupo parroquial decidió iniciar sus manifestaciones públicas de fe. Buscando aportar una liturgia novedosa a la ciudad, instauraron la práctica del Vía Lucis (el Camino de la Luz), una práctica propia del tiempo pascual con origen en la meditación sobre los misterios de la Resurrección hasta Pentecostés.

La primera edición de este acto se celebró el 31 de mayo de 2019, procesionando a la imagen en unas sobrias andas.

3. La pausa obligada (2020-2022)

El advenimiento de la crisis sanitaria en 2020 supuso un paréntesis en el culto externo, pero no mermó la actividad del grupo parroquial. Durante los años de la pandemia, el grupo intensificó su labor social, canalizando campañas de recogida de alimentos y material escolar para las familias más golpeadas por el coronavirus. Lejos de la inactividad, este periodo de pausa obligada se transformó en una etapa de profunda introspección y fortalecimiento interno. La junta directiva y los hermanos/as mantuvieron viva la llama de la devoción con el cuidado constante de Ntra. Sra. de la Victoria en su capilla, un símbolo de una Esperanza tan necesaria en aquellos tiempos. Este tiempo también sirvió para reafirmar los valores fundacionales del colectivo y sostener el espíritu de fraternidad entre sus miembros, preparando el terreno para el esperado regreso a la normalidad con una renovada cohesión y propósito.

4. La consagración en las calles de Linares y el éxodo a San Agustín (2024)

Superando ya los doscientos hermanos en su nómina, el año 2024 trajo un salto cualitativo sin precedentes en su puesta en escena. El 27 de abril de aquel año, Nuestra Señora de la Victoria procesionó por primera vez sobre un paso portado por costaleros.

Debido a que aún no contaban con logística de tal envergadura, el paso de palio se conformó gracias a un hermoso ejercicio de fraternidad intercofrade. La estructura fue un mosaico de enseres cedidos por distintas cofradías de la ciudad. Por ejemplo, los respiraderos pertenecían al antiguo paso del Nazareno, la peana fue prestada por la Borriquilla, y diversas piezas de la candelería provinieron de la hermandad de los Estudiantes. Treinta y cinco hombres, distribuidos en seis trabajaderas, calzaron el paso a las órdenes de los capataces Adrián Castillo y Francisco Sánchez Franco.

Aquella noche primaveral, las puertas de la que fuera su casa, Santa María, se abrieron de par en par a las nueve de la noche. Ante una lonja bastante nutrida de público, el cortejo avanzó envuelto en los acordes de la Banda de Música Linarejos Coronada.

El censo de la corporación crecía de forma sostenida, y la Basílica de Santa María, con su densa nómina de cofradías residentes, presentaba una masificación que coartaba seriamente las posibilidades de expansión del grupo de cara a albergar futuros altares o pasos procesionales.

Ante esta encrucijada logística, la junta directiva tomó una resolución histórica: Solicitar el cambio de sede canónica. El traslado se ejecutó con una celeridad inusitada. Contando con apenas diez o quince días de margen desde la obtención del permiso diocesano, la corporación efectuó su mudanza en noviembre de 2024. Su nuevo hogar fue la Parroquia de San Agustín, donde hallaron la paternal acogida del párroco Jesús Díez del Corral, quien asumió la presidencia de la entidad. Con esfuerzo físico y premura, los propios hermanos adecentaron una capilla lateral. Para garantizar un cobijo digno a Ntra. Sra. de la Victoria, pasaron unos días eliminando humedades y aplicando pintura. En este céntrico templo, comenzaron a compartir vida comunitaria con otro colectivo en vías de ser hermandad: el Grupo Parroquial de la Aurora.

5. La norma estatutaria y el sueño de la Misericordia (2025)

Consolidados en la calle y en el templo, el año 2025 se consagró a la arquitectura burocrática y artística de la futura hermandad. Con un censo que rebasaba ya los doscientos cincuenta miembros, el colectivo comprendió que había llegado el momento de definir los pilares jurídicos que regirían su inminente erección canónica.

Durante el verano y principios de otoño de 2025, el equipo de secretaría redactó exhaustivamente el primer borrador de sus estatutos. Este compendio normativo fue expuesto al escrutinio de los/as hermanos/as y sometido a votación en un histórico Cabildo General celebrado el sábado 29 de noviembre de 2025.

Primer hábito penitencial de la Tercera Caída

El documento fue ratificado sin recibir alegación alguna. En dichas ordenanzas no solo se articuló la vida interna, sino que quedó instituido el primer diseño del hábito penitencial, compuesto por una túnica de sarga blanca que incorporaba cola de arrastre, rescatando así la estética de primitivos disciplinantes de la historia linarense, rematada por un emblema que fusionaba la Cruz de San Juan Bautista, el corazón de San Agustín y el anagrama mariano.

El encargo al imaginero Darío Fernández

Paralelamente a este necesario ordenamiento legislativo, 2025 fue el año en que se materializó el encargo del Cristo que otorga nombre a la primera parte de la asociación: Nuestro Padre Jesús de la Misericordia en su Tercera Caída. Huyendo de urgencias que pudieran ser perjudiciales, la corporación rubricó el contrato con el prestigioso imaginero sevillano Darío Fernández. El artista, fundamentándose en los grandes maestros del barroco, concibió una imagen de vestir con una iconografía de Cristo caído que prometió ser inédita en Andalucía.

Debido a la carga de trabajo del taller hispalense, la entrega de la efigie quedó fijada, con total transparencia ante los hermanos/as, para la Cuaresma del año 2030. Lejos de suponer un desaliento, este plazo otorgaba a la secretaría el tiempo necesario para sufragar los costes mediante el sostenimiento de sus cuotas, la gestión de una hucha específica, la venta de lotería, y la dinamización de su sede administrativa en la calle Santa Engracia y su Casa de Hermandad en la calle O’Donnell.

6. El rigor del despacho y el horizonte (Primavera de 2026)

La historia eclesiástica enseña que todo proceso de consolidación conlleva sus pruebas. Con el expediente canónico prácticamente culminado y elevado a las instancias superiores, el grupo de la Tercera Caída aguardaba con serenidad la rúbrica del obispado que los erigiera finalmente como hermandad. Sus aspiraciones apuntaban ya a solicitar formalmente su inclusión en la jornada del Sábado de Pasión.

Sin embargo, la primavera del año 2026 impuso un severo e inesperado obstáculo. En el mes de abril, la Diócesis emitió un dictamen denegatorio que impedía a la corporación realizar su anual salida del Vía Lucis por las calles de Linares. La causa de tan drástica suspensión no residió en desviaciones estatutarias ni en desórdenes públicos, sino en un nimio defecto de forma burocrática.

Ante este lapsus terminológico, la delegación diocesana denegó la práctica del Vía Lucis aplicando la normativa con rigidez absoluta. Un perjuicio espiritual desproporcionado hacia un grupo parroquial que llevaba casi una década de intachable labor pastoral y caritativa.

7. Un camino de luz que sigue escribiéndose

Hasta la primavera de 2026, la trayectoria del Grupo Parroquial de la Tercera Caída se dibuja como un incesante ejercicio de perseverancia. Desde aquellos jóvenes que soñaron una devoción en Santa María en 2017, pasando por la llegada de la Virgen en 2018, el precipitado traslado de 2022, el triunfo en las calles de 2024, la madurez estatutaria de 2025 y la dura negativa burocrática de 2026.

La historia de esta corporación es la prueba viva de que la tradición, cuando se cimenta en la paciencia y el rigor, es capaz de resistir las inclemencias del tiempo y los rigores de los despachos. Mientras aguardan la llegada del Señor de la Misericordia en el lejano 2030, la juventud de la Tercera Caída sigue escribiendo, de forma paulatina y constante, las páginas de su grupo parroquial.

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